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Así serán los transportes del futuro

Así serán los transportes del futuro

La necesidad de reducir la contaminación y el uso del vehículo privado en las grandes ciudades está derivando en la adopción de nuevas herramientas tecnológicas que abogan por una gestión integral de la movilidad.

Aunque los sistemas de transporte han evolucionado mucho durante los últimos 30 años, la movilidad en las grandes ciudades no es muy diferente de la que existía en 1986. Fundamentalmente, porque el vehículo privado sigue siendo el medio más utilizado y porque los atascos continúan formando parte del paisaje cotidiano de la mayoría de las urbes.

El futuro no parece mucho más halagüeño, ya que se espera que en 2050 las personas que vivan en las ciudades pasen 106 horas al año atrapadas en atascos, el doble que ahora. Y eso teniendo en cuenta que, para entonces, dos terceras partes de la población mundial residirán en una gran urbe de más de 10 millones de habitantes, según las previsiones de la ONU.

Desarrollar unas políticas que permitan mejorar la movilidad urbana se ha convertido, por todo ello, en un objetivo global. Y no sólo por una razón demográfica sino, más bien, medioambiental. Tanto que la Unión Europea pretende alcanzar una logística urbana sin emisiones para el año 2030, para lo que se tiende hacia “nuevos modelos de gestión del transporte basados en la demanda, de tal modo que un autobús no pasará a unas horas determinadas, como ocurre actualmente, sino cuando haya gente esperando en las paradas”, explica José Ignacio Cases, socio y presidente de la consultora Novadays, especializada en asesorar a organismos públicos y privados en temas de transporte y movilidad.

Este cambio de modelo precisará del uso de mucha tecnología. Concretamente, de los denominados sistemas de transporte inteligentes, “que abarcan tres áreas de aplicación: sistemas de gestión del tráfico y soluciones inteligentes de movilidad para monitorizar el tráfico, optimizar la señalización y regular el flujo de vehículos; sistemas de cobro inteligente de peajes, que permiten a los conductores realizar el pago sin necesidad de detenerse; y otros sistemas de transporte inteligente, como los utilizados para monitorizar el tráfico de los vehículos comerciales o gestionar las operaciones de transporte”,tal como explica Javier Aguirre, vicepresidente para España y Portugal de Kapsch, una empresa que desarrolla soluciones de telecomunicaciones para todo tipo de proveedores de transporte.

La implantación de estas nuevas herramientas para la gestión del tráfico presenta dos grandes retos. El primero es de carácter normativo, ya que “la tecnología avanza tan deprisa que los legisladores son incapaces de adaptarse a esa velocidad, por lo que su adopción requiere de un compromiso muy fuerte por parte de las autoridades, como el que existe en países como Alemania o EEUU”, destaca Cases.

El otro gran desafío está relacionado con la seguridad, ya que los sistemas inteligentes de movilidad exigen compartir una ingente cantidad de información a través de internet. Los principales riesgos de ello son “la interceptación de datos, la destrucción y, el más peligroso de todos, el control de un dispositivo por parte de un atacante, con potestad para alterar su funcionamiento y manejarlo a su antojo”, tal como señala José Rosell, socio director del proveedor de soluciones de ciberseguridad S2 Grupo. En su opinión, “las herramientas de gestión remota del tráfico [y de otros ámbitos, como los dispositivos de control y medición] avanzan muy rápidamente, pero no lo hacen tanto en seguridad como en funcionalidad”.

En todo caso, los peligros son mucho menores que las ventajas de adoptar este tipo de sistemas de movilidad, “que van a proporcionar información de gran valor a los ciudadanos, adaptada en cada momento a sus necesidades específicas, aumentando su comodidad, seguridad y calidad de vida“, apunta Rosell. En este sentido, el análisis de los datos recogidos por estos sistemas tecnológicos inteligentes (el llamado ‘big data’), mejorará el uso que las autoridades hacen de los recursos, “al poder realizar una planificación más eficiente que derivará en una menor congestión del tráfico y, por tanto, en una reducción de los costes derivados de ella, que actualmente suponen el 1% del PIB de la UE”, añade.

Pese a ello, nadie duda de que estas nuevas plataformas para gestionar la movilidad serán una realidad en los próximos años, como también lo serán los vehículos autónomos, uno de los campos en los que más están trabajando las organizaciones públicas y privadas de todo el mundo. La semana pasada, el Gobierno de EEUU presentaba un plan para reducir la siniestralidad en las carreteras que apostaba por el impulso de estos vehículos sin conductor. En ellos trabajan ya tecnológicas como Google, Uber o Tesla y fabricantes tradicionales como Audi, Volvo, Nissan, General Motors, Ford o Toyota. Su llegada está prevista para el periodo comprendido entre 2025 y 2030.

Mucho antes empezarán a circular los vehículos automatizados, que tampoco necesitan conductor pero sí una infraestructura específica (algo que no sucede con el coche autónomo). Tal como apunta Cases, “todas las experiencias de este tipo se están desarrollando en el ámbito urbano, ya que se trata de automóviles que interactúan con las infraestructuras, por ejemplo, enviando y recibiendo información de los semáforos”. La UE ha desarrollado durante los dos últimos años una iniciativa en este sentido, bautizada CityMobil2 y que ha permitido que más de 100.000 europeos se desplazasen en autobuses sin conductor.

Entre las ciudades que han participado en este experimento aparece la española San Sebastián, por cuyo Parque Tecnológico circularon tres vehículos automatizados. “Los resultados fueron muy positivos, hasta el punto de que los usuarios aseguraron preferir estos autobuses a los tradicionales”, tal como explica Cases. Además, “en EEUU los taxis sin conductor ya han completado más de dos millones de kilómetros de pruebas en vías públicas, y sin causar ningún accidente”, añade Aguirre.

A la vista de estas experiencias, cabe preguntarse cuándo empezarán a introducirse con carácter comercial estos medios de transporte colectivos en las ciudades. “Están preparados para circular de manera inmediata, así que sólo falta que la legislación de cada país lo permita y que exista una empresa de transportes interesada en adoptarlos”, apunta Cases. En su opinión, todavía no se han evaluado adecuadamente las consecuencias de apostar por estos vehículos, que supondrán una auténtica revolución de la vida en las ciudades: “Van a liberar mucho espacio, al reducir el número de coches y de aparcamientos, lo que acabará con los atascos y hará que las ciudades se expandan hacia las afueras”.

A nivel interurbano, los cambios más importantes de los próximos años estarán relacionados con el transporte ferroviario. Aunque no es de prever que en España el panorama cambie sustancialmente, por la fuerte inversión que se ha hecho y se sigue haciendo por la alta velocidad, otros países como China y Japón sí están trabajando en el desarrollo de nuevos sistemas. Destacan por encima del resto los trenes de levitación magnética (MagLev), que ya cuentan con una experiencia real en Shanghai, donde cubren un trayecto de 30 kilómetros a más de 430 km/h. En todo caso, es la versión japonesa la que más desarrollada se encuentra, tras superar los 600 km/h en una de sus pruebas, aunque la implantación de este sistema, que sustituirá a los trenes bala (equivalentes nipones del AVE), no se espera hasta 2027.

Otro medio de transporte que debería ser una realidad en los próximos años es Hyperloop, un mixto entre tren y avión ideado por Elon Musk, consejero delegado de Tesla. Su proyecto incluye unas cápsulas presurizadas que harían las veces de los vagones de un tren y que circularían a través de tubos. Más de 100 ingenieros trabajan en el proyecto, que pretende superar los 1.200 km/h. En los próximos dos años se quiere poner en marcha la primera experiencia, aunque aún no se ha decidido el lugar más apropiado para hacerlo

En materia aeronáutica, los vehículos no tripulados siguen acaparando los mayores esfuerzos de la industria. De hecho, se espera que 2016 sea el año del despegue definitivo de los drones, con un crecimiento del 15%. Estas naves no van a precisar de la creación de nuevas infraestructuras, pero sí, apunta Cases, “de un marco normativo que facilite su desarrollo y que todavía no existe en España”.

Fuente de la noticia: http://www.expansion.com/especiales/30-aniversario/infraestructuras/2016/10/14/57fb80b8268e3ee23c8b45c8.html

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