Los denominados ‘coches voladores’ están más cerca de lo que creemos. Pero, ¿cuáles deberían ser las condiciones fundamentales para su completo desarrollo? Analizamos los diferentes proyectos en el mercado y ninguno hasta la fecha ha conseguido aunar cuatro principios claves. Algunos suman uno, incluso dos o tres. Conciliar los cuatro ha sido hasta la fecha una misión imposible.

El principal problema de los ‘coches voladores’ es que están siendo pensados exclusivamente por ingenieros. Esto obvia un componente social, tanto o más importante que la tecnología, en estos proyectos. Cualquier cambio disruptivo en la sociedad, como debería ser el caso, debe considerar no sólo el aspecto tecnológico sino también el aspecto social y, cómo no, territorial en su aplicación.

Cuatro principios para el denominado ‘coche volador’

  1. Fuente de energía autónoma
  2. Despegue vertical
  3. Conducción automática
  4. Conceptos de Amarres y Pit & Stop aéreo

Fuente de energía autónoma

Es uno de los aspectos más tratados en los diversos proyectos actuales. Nadie duda de que el cambio, con un aspecto totalmente disruptivo de los denominados ‘coches voladores’, debe pasar no sólo por su funcionalidad sino por su autonomía. Liberar el vehículo del uso de materias primas no sustituibles como el petroleo, o incluso la recarga, como en el caso de los coches eléctricos, es una prioridad.

Existen actualmente diversas opciones de energía autónoma. Aunque el gran reto es conseguir que dicha energía tenga la potencia necesaria, el coste adecuado, y la seguridad de uso para poder aplicarse a un vehículo aéreo automatizado. Tres retos centrados en un campo como la energía, que siempre ha sido el principal motor en los cambios en las sociedades.

Despegue vertical

Algunos de los proyectos actuales requieren de una infraestructura sobre el territorio, como una pista de despegue y aterrizaje. Esto implica que los nuevos vehículos no tengan​ la capacidad para poder desarrollarse en cualquier espacio. Es un modelo caduco como los propios aeropuertos, basados en nodos, que implican además la necesidad de dotar de un transporte de cercanía entre el nodo y el lugar de destino.

El despegue vertical, presente en algunos modelos, es no sólo imprescindible como forma de acercar el transporte a cualquier lugar, sino como modelo para eliminar infraestructuras estériles sobre el territorio con un recorrido temporal muy definido.

Conducción automática, muerte de la cartografía actual

En los ‘coches voladores” no será necesario saber conducir. Es más no debería haber licencia para llevarlos. Conducir un vehículo será algo pasado. Los ingenios deben de tener capacidad para dirigir al pasajero de punto a punto. Tal como se puede hacer en un recorrido en su tablet o pc sobre una pantalla. Esto, que puede parecer una obviedad, es más problemático de lo que parece.

El soporte territorial para la movilidad, los mapas digitales, son inútiles ante este nuevo reto. Bueno, casi inútiles. Todos sabemos que un mapa inteligente se compone de dos componentes, los vectores, alias las carreteras, y los datos alfanuméricos, la toponimia. En el caso del transporte aéreo los vectores no tienen ninguna utilidad. Los vehículos aéreos, como indica su nombre, se moverán por el espacio, no por el territorio. Las carreteras y autopistas serán invisibles para ellos.

Por su parte los datos alfanuméricos, nombres de poblaciones, calles, números, serán claves para poder llegar a un lugar definido. Curiosamente la cartografía actual, considerada muy inteligente, será inútil. El cielo requiere una cartografía especifica, volumétrica si quieren decirlo. Específicamente serán necesarios unos mapas topográficos para que los sensores de los coches voladores detecten los accidentes geográficos, y cómo no, las construcciones urbanas. Una cartografía en 3D es necesaria ya que será el territorio donde se muevan los vehículos con cero riesgo.

Esto obliga a pensar en nuevas soluciones. Entramos aquí en un nuevo reto tecnológico, crear cartografía en 3D, en tiempo real. El propio sensor de los vehículos debe ser capaz de reconocer y crear sus rutas más seguras a través no sólo de un espacio definido, sino de las circunstancias del potencial trafico en cada momento.

Conceptos de Amarres y Pit & Stop aéreo

Es asumible que el despegue vertical provocará un problema de congestión en espacios urbanos, como las ciudades. Hay que pensar en algún escenario donde combinar la disponibilidad del movimiento aéreo continuado con un espacio temporal bien definido. Aparecen aquí conceptos nuevos en la dinámica de los ‘coches voladores’; los Amarres y el Pit & Stop aéreo.

Las naves guiadas por los sensores debe ser capaces de llevar a las personas a lugares céntricos en segundos, procediendo a un Pit & Stop en el lugar de destino. Algo así como una parada breve, tras la cual la nave se retira gracias a su conducción automática a una parada general, denominada amarres, donde estará estacionado hasta que el usuario requiera de nuevo su atención.

Ejemplo del concepto del Pit & Stop en las carreras de coches que debería aplicarse en los ‘coches voladores’; llegar, parar, cargar/descargar y salir del espacio

Esta modalidad de Amarre y Pit & Stop permite también gestionar nuevos recursos para las ciudades mas congestionadas. El amarre puede ser pensado como un espacio físico en las cercanía de cada ciudad, o como indica el primer punto, como un lugar más elevado gracias a la fuente de energía autónoma del vehículo aéreo. En todo caso un espacio público para la gestión de la ciudad.

Los ‘coches voladores’ tan cerca tan lejos

Cumplir los cuatro principios indicados no es una labor compleja en la actualidad. Pero está claro que no es una situación inmediata. Alguno de los principios requiere una gran inversión, aunque lo más claro, es que todo el proceso necesita de unos cambios legislativos inmediatos. Por primera vez en la historia, la legislación no sólo deberá ceñirse a espacios geográficos físicos palpables, sino también a aspectos hasta la fecha más olvidados.

Un ‘coche volador’ obliga a legislar el cielo y sus usos. Algo seguramente más complejo que la parte tecnológica en un mundo global, donde, por desgracia todavía los países tienen un poder censurador muy elevado. El ‘coche volador’ llegará primero por la tecnología, pero no será disruptivo hasta que las sociedades y, cómo no, la política, entiendan las implicaciones del cambio.

Fuente de la noticia: http://cronicaglobal.elespanol.com/ecoonomia/tendencias-ecoonomia/cuatro-principios-para-los-denominados-coches-voladores_72750_102.html