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De la oficina con ruedas a la tienda con ruedas: coches autónomos, centros comerciales y espacio público

De la oficina con ruedas a la tienda con ruedas: coches autónomos, centros comerciales y espacio público

En los últimos 10 años la industria del automóvil ha girado en torno a dos tecnologías centrales que prometen ser la base para la movilidad sostenible del futuro próximo, el coche eléctrico y la conducción autónoma. En ese tiempo la mortal contaminación del aire ha hecho que las ciudades pongan los ojos en estas tecnologías como gran esperanza para la salud y bienestar de sus habitantes. Esta confluencia de intereses hará que en las próximas décadas las urbes y la forma en que nos movemos por ellas vaya a cambiar profundamente. Pero quizá no lo haga del modo que esperamos. La relación entre ciudades, coches autónomos y centros comerciales nos da pistas sobre los conflictos en el uso del espacio público que traerá la movilidad sostenible.

Durante más de 100 años nuestras ciudades se han construído en torno al automóvil y quizá su mejor aliado ha sido el “centro comercial”. Estos espacios aparecieron en los años 50 en los extrarradios de las ciudades de Estados Unidos como una forma de concentrar el ocio y el comercio imitando a los densos cascos urbanos de Europa.

En pocas décadas aquellas densas ciudades europeas comenzaron a llenar su extrarradio con estos centros comerciales mientras sus cascos viejos se vaciaban. La población, la necesidad de vivienda y la estrategia económica hicieron las ciudades cada vez más extensas y dependientes del automóvil, un escenario en el que los centros comerciales, además de ocio y comercio, tenían algo que todo el mundo deseaba: el aparcamiento gratuito. El bucle sin fin entre centros comerciales, coches, atascos y nuevas infraestructuras terminó por definir parte de la trama urbana en muchas de nuestras ciudades.

Pero la asociación entre coches y centros comerciales nació en la época de “Mad Men” y ese mundo queda ya muy lejos en la era del smartphone. Desde 2010 las ventas de Amazon se han multiplicado por 5 hasta un volumen equiparable a la 4ª cadena comercial de Norteamérica gracias, entre otras cosas, a un importante cambio en los hábitos de consumo por Internet: en 2016 el sector con más ventas online en Estados Unidos fue la ropa. Este cambio esá afectando tanto a las grandes cadenas comerciales que entre el año pasado y éste 18 de ellas han presentado bancarrota en aquel país.

En España el panorama no es tan dramático pero la tendencia se mantiene: mientras las ventas en centro comercial crecieron un respetable 23% desde 2013, pero en el mismo periodo la venta online subió un 200% alcanzando casi 2/3 del volumen del comercio físico. Los centros comerciales pueden tener mucha vida por delante pero las cifras indican que su tiempo ha pasado: de los 546 existentes en España, 442 se construyeron entre 1991 y 2010, unos 22 por año; desde 2011 a 2016 han abierto 28. Para adaptarse algunos se reinventan como outlet, y los más recientes, como Puerto Venecia en Zaragoza, explotan la faceta del ocio autodenominándose “Shopping resort”. Pero mientras los 200 000 m2 comerciales y 10 000 plazas de aparcamiento de Puerto Venecia son causa de atascos cada fin de semana, los 130 000 m2 y 6 000 plazas de aparcamiento de Plaza Imperial, a escasos kilómetros en la periferia zaragozana, agonizan sin apenas actividad.

En los extrarradios de las grandes ciudades enormes superficies destinadas al comercio y al aparcamiento rodeadas de infraestructuras sobredimensionadas van a cerrar, dejando a la planificación urbana y los ayuntamientos un problema que tardará décadas en resolverse.

De la oficina con ruedas a la tienda con ruedas

Pero ¿cómo va a influír el coche autónomo en todo esto? Cuando dentro de cinco años marcas como Ford tengan en el mercado un coche autónomo asequible, los centros comerciales que aún sobrevivan encontrarán un buen aliado. La posibilidad de gestionar sus accesos en red con todos los vehículos que se dirigen al lugar mejorará el tráfico, reducirá los atascos y ahorrará mucha frustración a los ocupantes de los coches. El posicionamiento web de las grandes franquicias internacionales hará a sus comercios más visibles a los navegadores conectados a Google Maps, atrayendo a más clientes con el aún atractivo argumento del aparcamiento gratuito. Pero la primera fase de la automatización será corta y el idilio no durará mucho tiempo.

En un reciente artículo en The Atlantic, el periodista y escritor Derek Thompson reflexionaba sobre el papel de los coches autónomos en el futuro mapa del comercio. El auge de las ventas online, principalmente a través de smartphone, unidas a las tecnologías de conducción autónoma podrían dar un resultado inesperado: que más que una oficina con ruedas el coche del futuro vaya a ser una tienda con ruedas. Amazon ya hace entregas con drones (allá donde éstos tienen cómo aterrizar) o en el maletero de tu coche, Daimler colabora con DHL para que puedas recibir paquetes en el maletero de tu coche, mientras que algunas empresas en San Francisco y Washington DC han comenzado a usar drones rodantes que circulan por las aceras para la entrega de sus pedidos.

En poco más de una década el coche autónomo, como hoy el smartphone, puede haberse convertido en la herramienta de márketing predilecta de las grandes cadenas comerciales, con usos inesperados. Una gran flota de vehículos autónomos cargados de artículos, como máquinas de vending con ruedas (algo parecido a lo que ya nos enseñó Ford), puede llegar mejor al cliente final que una cara tienda en un centro comercial de las afueras o una elegante calle del centro, que además no pueden estar abiertas 24/7. En su lugar quizá apostarán por pequeños “showroom” donde probar las mercancías que después un dron o coche autónomo (o ambas cosas) llevará a tu casa en tu talla y color personalizado.

La combinación de comercio electrónico y vehículos autónomos puede causar una revolución en el consumo que disuelva la idea misma de tienda y convierta toda la trama urbana en un espacio donde se compra y vende. Y eso cambiará la forma de entender y gestionar el espacio público.

La lucha por el espacio público en el mundo del coche autónomo

Hace pocos días supimos que la Unión Europea considera imponer el peaje en todas las vías rápidas europeas, incluídas nuestras autovías. Más allá del revuelo, la noticia pone en el mapa un importante debate con muchas ramificaciones: ¿cómo se planifican, pagan, gestionan y mantienen las calles y carreteras?. No sólo se trata de infraestructuras sino que son espacios públicos, financiados principalmente con impuestos, en los que se desarrollan diferentes actividades al mismo tiempo: la empresa de transportes internacionales convive con la familia que va de vacaciones y el autobús escolar del medio rural, por poner un ejemplo. Esta medida hace explícita la idea de que cada una de esas actividades contribuye de modo diferente al desgaste de la vía y por tanto también a su mantenimiento, ya parte de una tasa europea para camiones de más de 12 tn que se aplica desde 1999. Pero la caída en la recaudación por impuestos al tráfico rodado y la falta de inversión pública de la última década van a obligar a nuevas formas de financiación, y esta tasa puede ser sólo la primera de muchas a aplicar en nuestras carreteras y calles.

Un futuro de vehículos autónomos convertidos en tiendas itinerantes, pequeños drones de tierra recorriendo las aceras, y fuertes restricciones al tráfico privado convertirá el uso de las vías públicas en eminentemente comercial. ¿Qué prioridades deberá atender entonces la planificación y mantenimiento urbanos? ¿las del libre disfrute del espacio público o las de la actividades económicas? Cabe esperar nuevas tasas a este tipo de vehículos, e incluso no es imposible que los ayuntamientos busquen financiación con grandes multinacionales como ya sucede con la cesión del nombre de “Vodafone” a la estación de metro de Puerta del Sol en Madrid.

Pero si las grandes cadenas comerciales entran en el negocio de las “tiendas itinerantes” el big data les permitirá detectar por dónde se mueven sus clientes potenciales y dirigir sus vehículos allí, por lo que estarán más interesados en el mantenimiento de las vías que más negocio les dan. Como los ayuntamientos dependerán cada vez más de las tasas de actividad comercial y aportaciones privadas… ¿no estarán estos negocios redibujando el mapa de nuestras ciudades en virtud de su propia actividad? Sin tener que esperar al futuro, en el presente compañías de coches compartidos como Car2Go o eMov ya han creado su propio mapa alternativo de Madrid limitando la movilidad sostenible al interior de la M30, donde está su principal base de negocio, ya que las repetidas restricciones al tráfico por episodios de contaminación les está dando un papel cada vez más protagonista en ese espacio urbano.

Mientras tanto en la periferia, la pregunta no es si habrá centros comerciales que cierren convirtiéndose en un gran agujero urbanístico, sino cuándo lo harán y qué sucederá cuando lo hagan. El extrarradio de las ciudades, que ya sufre un peor acceso al transporte público y una mayor necesidad de movilidad, se enfrentará además al reto de reintegrar espacios comerciales abandonados a la trama urbana, una labor que en muchos casos recaerá del lado de ayuntamientos sin apenas capacidad técnica para afrotar el reto y cuyos ingresos estén vinculados a las actividades comerciales dominantes. Como hoy, esos coches autónomos compartidos, como los de Car2Go y eMov, se concentrarán allá donde su base de negocio es mayor, dejando a un lado los barrios más alejados, así que quizá también la inversión pública y privada en el mantenimiento de sus vías sea también menor y su movilidad menos “limpia”.

En las ciudades actuales hay una lucha por el uso del espacio público en la que el automóvil y las infraestructuras ganan por goleada a las personas. Hay muchas expectativas puestas en el coche autónomo como eje de una movilidad más sostenible donde las personas recuperen espacio. Pero su llegada coincidirá con una revolución en el comercio, la economía y el mercado laboral que va a cambiar los puntos de referencia de las últimas décadas. Más que contribuír a una ciudad más habitable, el coche autónomo podría convertirse en el eje de un modelo de ciudad automatizado y centrado en el comercio en el que los conflictos por el uso del espacio público sean aún más enconados que ahora, y el espacio para las personas aún más pequeño.

Un aviso de que el debate sobre la movilidad sostenible del futuro no debe girar en torno al modelo de transporte, sino al modelo de ciudad y sociedad.

Fuente de la noticia: http://www.diariomotor.com/noticia/de-la-oficina-con-ruedas-a-la-tienda-con-ruedas-coches-autonomos-centros-comerciales-y-espacio-publico-urbano/

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