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El humano y no la tecnología es ahora mismo el principal obstáculo del coche autónomo

El humano y no la tecnología es ahora mismo el principal obstáculo del coche autónomo

Google es la empresa que más avanzada parece llevar la investigación y desarrollo de coches autónomos. Sus vehículos hace ya semanas que recorren no solo las autopistas sino también las calles de diversas ciudades en Estados Unidos, y todos sus datos parecen apuntar a que los sistemas de conducción autónoma funcionan realmente bien. Tanto que, aseguran en Google, los pocos accidentes que han tenido nunca han sido culpa de los coches autónomos, sino de conductores humanos.

El último de esos accidentes se produjo el pasado 1 de julio, y por primera vez se ha producido una pequeña lesión en el conductor del otro vehículo afectado. Google dice tener datos suficientes para demostrar que el impacto se produjo por parte de ese conductor, y que todo apunta a que éste simplemente estaba demasiado distraído como para evitar el accidente. Eso ha generado de nuevo el debate sobre si los coches autónomos están preparados para los despistes humanos y si como algunos apuntan los coches autónomos plantean un futuro sin conductores humanos.

Google: Los accidentes son culpa de los humanos

El análisis del coche autónomo de Google accidentado, un Lexus que circulaba por Mountain View, es impecable. En el vídeo en el que se recoge la situación del tráfico se comprueba como un atasco en un cruce hizo que dos coches delante del Lexus se pararan para evitar problemas, lo que también hizo el coche de Google. El coche que venía detrás, con suficiente margen para ver el problema y frenar a tiempo, ni se enteró, e impactó con el Lexus a 27 km/h.

La lesión cervical del conductor que “se tragó” el Lexus de Google fue leve, pero eso ha vuelto a poner de manifiesto el debate sobre la validez del coche autónomo en unas carreteras en las que precisamente el factor humano hace esa conducción autónoma especialmente compleja. No solo eso: también puede haber “encontronazos” entre distintos coches autónomos ahora que las cosas están en pleno desarrollo.

Nosotros ya hablamos del debate ético que plantea el coche autónomo hace tiempo y entre las preguntas pendientes destacaba una sobre ese futuro en el que este tipo de vehículos podrían dominar el panorama en nuestras carreteras y autopistas:

¿Acabará siendo el mundo del motor un nicho en el que los apasionados que queden sólo puedan disfrutar de su hobby en circuitos, quedando las vías normales sólo para artefactos guiados por ordenadores y sensores?

Chris Urmson, uno de los máximos responsables del proyecto en Google, ya había dado una charla TED hablando de cómo ven la carretera sus coches autónomos, y ya entonces apuntaba a que los humanos son el “bug” más importante que afecta a la seguridad en la carretera. Hace dos meses ya daba detalles sobre la forma en la que funcionan estos vehículos, pero en la segunda parte de esa reflexión, en la que precisamente hace referencia al accidente que tanto ha dado que hablar, dejaba claras más cosas:

stamos conduciendo lo suficiente -y siendo golpeados lo suficiente- como para empezar a sacar conclusiones sobre la tasa de accidentes por millas conducidas; es más alta de lo que habíamos pensado. Es particularmente revelador que estamos siendo impactados más ahora que la mayoría de nuestra conducción se hace en calles normales y no en autopistas; es exactamente donde esperarías que ocurrieran muchas más colisiones de las que a menudo no se informa. Otros conductores han colisionado con nosotros 14 veces desde el comienzo del proyecto en 2009 -incluidos 11 impactos por detrás- y en ninguna de esas colisiones ha tenido la culpa el coche autónomo. En lugar de eso, la culpa evidente ha sido del error humano y la falta de atención. Tomaremos esto como una señal de que estamos comenzando a compararnos favorablemente con los conductores humanos.

Muchos ven al coche autónomo con preocupación

La dificultad de plantear lo que un coche autónomo debe hacer si detecta que se puede producir un accidente es clara. ¿Debía ese Lexus haber tratado de evitar el accidente cambiando de carril de forma igualmente peligrosa? Tal y como iba el coche que impactó contra él, no es probable que eso hubiera servido de nada, y simplemente el accidente habría afectado a otro coche que sí iba conducido por un humano: los lesionados podrían haber sido más. Salvar más vidas y minimizar lesiones es algo difícil de controlar en carretera, incluso con la cantidad de medios de los que disponen estos vehículos.

El impacto del coche autónomo en nuestra sociedad puede ser enorme, y aun con sus ventajas se plantean problemas serios si los conductores humanos siguen circulando de forma paralela a los coches autónomos. De hecho y como señalábamos hace unas semanas, “para que el coche autónomo sea realmente seguro, todos los coches deberían ser autónomos”. Eso, por supuesto, no gusta a todo el mundo.

Un estudio reciente de la Universidad de Michigan y su Instituto de Investigación de Transporte ha revelado que la mitad de la gente encuestada sobre la validez del concepto afirmaban estar de acuerdo con que hubiera cierta automatización en estos vehículos. Pero el grado de automatización y autonomía era diverso. De los 505 encuestados, las mujeres parecían las más reticentes (47,6%) a la presencia de coches autónomos, mientras que el 41,2% de los hombres sí abogaban por esa autonomía.

Ese interés en el coche autónomo se reducía a medida que la edad de los encuestados era más alta, pero atención, porque incluso teniendo en cuenta a todos los encuestados, solo el 15,6% de ellos aceptaban un futuro con coches autónomos. El 40,6% apuntaban a que admitirían cierto grado de autonomía -quizás estaban pensando en el control de velocidad-, pero no total. En el estudio se revelaba además otra circunstancia: el miedo a ir en un coche autónomo y no tener el control.

El 68% de la gente estaba bastante o muy preocupados ante la posibilidad de ir en vehículos completamente autónomos. Y otra curiosidad, prácticamente todos -entre el 94,4% y el 98,1% según la edad- quería un volante, acelerador y freno para poder tomar el control del coche autónomo si lo deseaban.

Esa encuesta está alineada con los datos que reflejaba en enero otra encuesta realizada en Inglaterra. La mitad de los encuestados no querrían ser pasajeros en estos vehículos, y el 43% no confían en una conducción autónoma segura. El 16% de los encuestados iban más allá, e indicaban que estaban “horrorizados” con la idea de ir en uno de estos vehículos.

Todos esos datos contrastan con las evidentes ventajas de este tipo de tecnología. Se reducirán las emisiones de gases de efecto invernadero en un 90%, se podrán reaprovechar mucho más estos vehículos para hacer todo tipo de trayectos, se reducirán el número de accidentes -la mayor parte de ellos se deben a error o despiste humano-, mejorará el tráfico y los tiempos de llegar a destino, y la gestión del tráfico también será menos costosa por ejemplo en control de la regulación: los coches autónomos no deberían pasarse de los límites de velocidad ni hacer “pirulas” o adelantamientos peligrosos y prohibidos.

Todo eso parece dar igual para la mayoría de la gente que parece preocupada por el estado de la tecnología. Los propios autores del estudio que mencionábamos en la Universidad de Michigan lo dejaban claro: las cifras y porcentajes de preocupación eran prácticamente idénticas a las del año anterior, y concluían que “la preocupación sobre ir en coches totalmente autónomos sigue siendo alta”.

Fuente de la noticia: http://www.xataka.com/vehiculos/el-humano-y-no-la-tecnologia-es-ahora-mismo-el-principal-obstaculo-del-coche-autonomo

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