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Electrificado, conectado y autónomo

Electrificado, conectado y autónomo

Durante los próximos años se espera que los vehículos enchufables reciban un fuerte impulso, por los compromisos medioambientales internacionales, los nuevos hábitos del consumidor y el creciente peso que la tecnología está adquiriendo en el sector.

El coche del futuro estará más electrificado, conectado y automatizado. Esta idea, aceptada por toda la industria de la automoción, choca con el escepticismo reinante entre buena parte de la población. Según señala un reciente estudio realizado por Direct Seguros, el 28% de los españoles cree que los coches autónomos (sin conductor) son una utopía y el 71% de los mayores de 45 años se muestra convencido de que jamás los verá circulando por las carreteras.

Seguramente, parte de esa desconfianza responda a la lentitud a la que se ha ido introduciendo el coche eléctrico, que hace una década parecía llamado a jubilar en muy poco tiempo a los de gasolina y gasóleo. Sin embargo, la cuota de mercado de estos automóviles a nivel global apenas era del 0,1% al cierre de 2015 (cuando se superó el millón de matriculaciones) y en España, del 0,2%. El ejemplo a seguir es Noruega, cuyo parque automovilístico cuenta con un 23% de eléctricos. “Mientras que ese país tiene ya normalizado el uso de estos coches, en España priman los utilitarios, concebidos más como segundo coche de la casa”, explica Cecilia Medina, coordinadora de la Plataforma Move2Future (M2F) y responsable de I+D+i de Sernauto.

Escasez de infraestructuras de carga rápida

La escasa implantación del eléctrico suele achacarse a problemas relacionados con su autonomía, a pesar de que ya son capaces de superar los 400 kilómetros sin repostar. Tal como apunta Medina, “las nuevas baterías cubrirán perfectamente los trayectos urbanos habituales y en muchos casos no será necesario cargar todos los días”. En este campo trabajan firmas como Bosch, que en los próximos cinco años espera “ofrecer baterías que serán el doble de potentes que las actuales y a la mitad de coste“: el objetivo es que alcancen al menos los 150.000 kilómetros de duración y hasta 15 años de vida útil.

Desde esta compañía definen el momento actual como “el comienzo de una transición hacia la electromovilidad“, de forma que los vehículos se irán “electrificando” progresivamente hasta 2025, cuando “el 15% de todos los coches nuevos fabricados a nivel mundial tendrá, al menos, un sistema de propulsión híbrido“. Para que estas previsiones se hagan realidad hace falta un esfuerzo tecnológico y, sobre todo, un mayor impulso a las infraestructuras de carga rápida (las denominadas electrolineras). Según Pablo Martín, director de Automoción de Everis, “esto compete a las eléctricas, que deberán decidir cuándo ha llegado el momento de acometer esta inversión, y también a la administración, que tendrá que fijar plazos estrictos para penalizar el uso de los vehículos de combustión”.

Independientemente de la velocidad a la que se desarrolle, la electrificación del parque automovilístico constituye una realidad innegociable por varias razones. La primera es de naturaleza medioambiental, por el compromiso de los países a reducir sus emisiones de dióxido de carbono. Y la segunda guarda relación con los restantes cambios tecnológicos que afronta actualmente el sector de la automoción: desde el auge del ‘car sharing’ (muy ligado al uso del coche eléctrico), hasta los esfuerzos por automatizar y conectar los vehículos.

Tal como explica Martín, todo ello constituye una auténtica revolución para los fabricantes de automóviles, que deberán “aprender a colaborar con otras compañías que hasta ahora eran ajenas o colaterales al sector” (desde las aseguradoras hasta los nuevos ‘players’ tecnológicos, como Tesla, Uber o Google), “ser más ágiles” (porque los modelos se quedarán obsoletos mucho más rápido) y “conocer al cliente y escuchar lo que demanda” (ya no serán los ingenieros quienes decidirán cómo son los nuevos coches, sino el consumidor).

En este punto, la rapidez con la que se están desarrollando los vehículos conectados es un claro ejemplo de ese empoderamiento del conductor, que demanda en el interior de su automóvil lo que ya tiene fuera (música en streaming, información del tráfico, sistemas de geolocalización…). Tal como señala Fernando Acebrón, director de Asuntos Gubernamentales de Ford España, la plataforma desarrollada por esta compañía (bautizada SYNC 3) incluye desde “los más tradicionales sistemas de emergencia y conectividad con centros de ayuda hasta, en el futuro, una multitud de servicios asociados“. Por ejemplo, mantenimientos preventivos programados o la conexión de unos vehículos con otros, lo que les permitirá compartir información relativa a la meteorología, los atascos o las rutas alternativas.

Hacia una progresiva automatización

Además, la conectividad está muy unida a la gran apuesta de la industria automovilística para los próximos años: el desarrollo del coche autónomo. Fundamentalmente, porque uno de los mayores retos para la introducción de estos automóviles sin conductor pasa por definir “su relación con las infraestructuras y los centros de control desde los que se gestionan el tráfico y las incidencias”, tal como apunta Rodrigo Castiñeira, responsable del proyecto Autocits de Indra. Esta iniciativa europea, que cuenta con un presupuesto de 2,6 millones de euros, contribuirá al desarrollo del marco normativo que ha de regular la conducción autónoma (inexistente aún), para lo que “desplegará tres pilotos abiertos y cerrados al tráfico en diferentes vías de Lisboa, Madrid y París a lo largo de 2017 y 2018″, explica Castiñeira.

Países como EEUU, Holanda, Suecia, Finlandia o Grecia ya han modificado sus leyes para acoger proyectos permanentes basados en el uso del vehículo autónomo. En España, los permisos que actualmente se conceden son de dos años prorrogables, tal como explica María Izaguirre, directora de la consultora Novadays. En su opinión, “la introducción de estos vehículos va a ser progresiva porque hay que equilibrar el nivel de automatización con la seguridad”.

Las primeras experiencias con vehículos automatizados se están realizando en entornos reducidos. Por ejemplo, el proyecto europeo CityMobil2 ha permitido la circulación de los primeros autobuses sin conductor en España, concretamente, en el Parque Tecnológico de San Sebastián. “A diferencia del futuro coche autónomo, que introducirá toda la innovación en el vehículo, las iniciativas de automatización actuales incluyen tecnología a bordo pero también en el exterior, razón por la que se están llevando a cabo en espacios pequeños“, explica Izaguirre. Aunque también hay excepciones. Por ejemplo, “Ford está probando la conducción autónoma en entornos reales, con circulación real y en condiciones climatológicas adversas o en rutas no demasiado bien señalizadas”, tal como explica Acebrón.

La mayoría de los esfuerzos que se están realizando en este campo son fruto de la colaboración entre fabricantes y tecnológicas. Entre otras razones, porque “automatizar un vehículo supone una gran inversión, no sólo en cámaras, sensores y radares, además de datos de cartografía y navegación, sino también en la capacidad del ordenador de a bordo que hace posible procesar en tiempo real miles de datos procedentes de todos esos dispositivos”, indica Medina.

De hecho, se estima que la implantación del coche autónomo en España requerirá una inversión mínima de cerca de 3.000 millones de euros sólo en concepto de señalización. Y a eso habrá que añadir otros gastos, como los relativos a la construcción de las infraestructuras inteligentes.

Los ‘millennials’, al volante

Todo indica que la movilidad de las futuras generaciones (los famosos ‘millennials’) se parecerá muy poco a la que existe actualmente. Así lo apuntan iniciativas como Car2go, cuyos clientes acostumbran a combinar el vehículo compartido con el uso del autobús y el tren. Por esta razón, “los fabricantes están utilizando las iniciativas de ‘car sharing’ como laboratorios de pruebas mediante los que obtener todo tipo de datos sobre el comportamiento de los usuarios y las nuevas tendencias”, tal como explica Pablo Martín, director de Automoción de Everis. El objetivo es disponer de información que permita desarrollar nuevos modelos de negocio, “porque en el futuro las marcas de coches ya no van a ser proveedoras de productos, como en la actualidad, sino de servicios“, añade Martín.

Fuente de la noticia: http://www.expansion.com/especiales/30-aniversario/automocion/2016/11/25/583810bfe5fdead9018b4582.html

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