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Hidrógeno: ¿Una alternativa viable al petróleo?

Hidrógeno: ¿Una alternativa viable al petróleo?

Seguramente sea uno de los elementos químicos menos conocidos por el usuario medio, pero lo cierto es que cada vez está cobrando una mayor importancia, no solo a la hora de ser usado en tecnologías industriales, sino también dentro de las estrategias energéticas de un creciente número de países de nuestro entorno económico y social, que apuestan por nuevas alternativas que partan de energías renovables.

Nos referimos al hidrógeno, uno de los gases que, con el tiempo, mayor versatilidad han ido demostrando a la hora de insertarse en todo tipo de prácticas energéticas de nuestro día a día.

Porque el hecho de que el hidrógeno es un combustible y arde, desprendiendo agua en esa combustión, se conoce desde hace siglos. Sin embargo, su posible uso como alternativa al petróleo y sus derivados empezó a plantearse hace algunas décadas. Y es precisamente ahora cuando esta alternativa empieza a ser percibida como una realidad tangible a nivel mundial.

Eso sí, aunque el hidrógeno es muy abundante en la naturaleza, lo cierto es que no lo es en estado puro, sino que hay que producirlo. Lo bueno de esto, no obstante, es que su producción puede llevarse a cabo desde diferentes fuentes (incluyendo renovables), siendo así un combustible que puede ser, además de limpio y renovable, producido de manera local.

Y esta producción local es una de sus mayores ventajas, ya que desemboca en diversos aspectos positivos, como la seguridad del suministro energético, la mejora en la balanza de pagos o la creación de puestos de trabajo de calidad.

¿Cómo se obtiene el hidrógeno?
Existen diferentes formas de obtener hidrógeno, pero hay dos especialmente frecuentes en la mayoría de trabajos industriales y energéticos: el reformado y la electrólisis.

Estos dos procesos, llevados a cabo de maneras distintas y con diferentes características, acaban teniendo un mismo fin: separar las moléculas de hidrógeno de una materia prima y partir de él como objetivo para crear una alternativa al petróleo y una posible solución a la escasez.

1. Reformado
En el proceso de reformado hay un elemento básico: el combustible (generalmente gas natural), que es el punto de partida para llevar a cabo el proceso y obtener el hidrógeno.

Para ello, el combustible en cuestión es sometido a altas temperaturas (unos cientos de grados centígrados) en presencia de un catalizador, (y de agua y oxígeno), y es este el proceso en el que se consigue separar las moléculas de hidrógeno que contiene. Dichas moléculas serán las protagonistas en el uso del hidrógeno como nuevo combustible.

Este método tiene, principalmente, una ventaja y un inconveniente. La ventaja es que implica un coste económico muy inferior al de otros procesos. El inconveniente, sin embargo, reside en que el reformado, en el caso de optar por gas natural como combustible inicial, no es el más idóneo precisamente si lo analizamos desde el punto de vista de la seguridad del suministro.

Por otra parte, cualquier reacción de reformado que parta de un combustible con carbono (sea o no renovable), como gas natural, gasolina, biogás, bioetanol, etc., generará también dióxido de carbono, produciendo así la emisión de gases de efecto invernadero.

2. Electrólisis
La electrólisis es, en general, el proceso favorito de todas aquellas compañías que se están dedicando a la producción de hidrógeno en los últimos años. Sobre todo, porque para su obtención no se recurre a combustibles como el gas natural y porque puede ser fácilmente hibridado con energías renovables.

En este caso, el elemento del que se parte es diferente al del caso del reformado: en esta ocasión se emplea agua. El proceso de electrólisis consiste en aplicar una corriente eléctrica lo suficientemente intensa sobre el agua; es de este modo como se consigue separar las moléculas de hidrógeno para su posterior uso como combustible.

Sin embargo, y al igual que el proceso de reformado, la electrólisis también tiene una ventaja y un inconveniente. La ventaja es que, gracias a su forma de tratamiento, el proceso es mucho más limpio a nivel medioambiental, aun a pesar de que, para ello, se necesite de la corriente eléctrica (que será o no renovable en función de su origen).

El inconveniente de la electrólisis, en este caso, no es su impacto ambiental, sino de economía. Y es que este proceso tiene un coste mucho más elevado que el del reformado a partir de gas natural. Además, si la electricidad usada procede de energías renovables, nos hallamos ante un proceso limpio, pero de elevado coste económico.

De todos modos, gran parte de los investigadores están de acuerdo: si de producir hidrógeno renovable se trata, la electrólisis parece el método más adecuado. Además, la electrólisis puede ser usada como sistema de almacenamiento de energía renovable; el exceso de esta podría almacenarse en forma de hidrógeno, pudiendo ser empleado como, cuando y donde sea más necesario.

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