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Deloitte calcula que España necesita invertir 385.000 millones para cumplir con la rebaja comprometida de C02.

La lucha contra el cambio climático costará a España entre 330.000 y 385.000 millones de euros de aquí a 2050. Los ambiciosos compromisos adquiridos, que pasan por reducir las emisiones de carbono entre el 80% y el 95% con respecto a los niveles de 1990, obligan a realizar fuertes inversiones de en torno a 10.000 millones por año. El coche eléctrico y las renovables jugarán un papel clave para alcanzar la meta, según el informe Un modelo energético sostenible para España en 2050, elaborado por Monitor Deloitte y presentado ayer por Cesur, Empresarios del Sur de España, en Sevilla.

“Nos hemos puesto el listón muy alto y ello implicará un cambio estructural en el conjunto de la economía”, reflexionó Alberto Amores, socio de Deloitte y autor del informe, que llamó a la implicación de administraciones, empresas y ciudadanos. A su juicio, “no queda más remedio” para reducir las emisiones de CO2 que lograr varios objetivos a la vez: que más del 90% de la electricidad en 2050 esté generada por renovables (eólica y fotovoltaica) y que el parque de vehículos sea eléctrico en su totalidad. Sin embargo, admite, el punto de partida no es alentador: las energías limpias suponen hoy el 38% del total, y las ventas de coches eléctricos avanzan despacio, el año pasado apenas se comercializaron 2.300 unidades en España. Otro de los grandes desafíos será lograr que entre el 40 y el 60% del transporte pesado, el mayor emisor de carbono, se realice en ferrocarril eléctrico, cuando actualmente el 95% se hace por carretera.

Para alcanzar esas metas, hace falta un periodo de transición en el que el experto recomienda “ser inteligentes”. Esto quiere decir que “no se debe prescindir prematuramente” de determinadas tecnologías o combustibles -nuclear, carbón, petróleo o gas-, aunque sean más contaminantes, ya que en estos 34 años hasta 2050 harán falta por el camino hasta que las energías renovables resuelvan su principal problema: su intermitencia y su almacenamiento. “Si cerramos demasiado pronto estas instalaciones o invertimos en tecnologías inmaduras descarrilaremos en la tarea de descarbonizar España y pondremos en riesgo la seguridad del suministro”, analizó el socio de Deloitte.

Por ello, recomendó que, mientras que se rebajan los costes del transporte en ferrocarril eléctrico, se apueste por los camiones movidos por gas natural, que emite un 20% menos que el diésel, así como “prolongar la vida útil de las centrales convencionales y nucleares lo máximo posible” para contar con una capacidad de respaldo para las renovables. En cuanto al coche eléctrico, pidió a las administraciones, sobre todo a las autonómicas y locales, que se vuelquen en “acabar con el gran cuello de botella del sector: la débil infraestructura de recarga que hay en el país”.

Junto a todo esto, el informe también apunta a medidas de eficiencia energética a partir de la rehabilitación de edificios, actuaciones en nueva edificación y nuevos procesos industriales.

 Si se cumple esta hoja de ruta, Amores aseguró que se cumplirá “el milagro de los panes y los peces”, es decir, que además de las mejoras medioambientales que se conseguirán también bajará el precio de la factura de la luz para el consumidor final en un 42% en 2050, al pasar de los actuales 120 euros/MWh a 65-75. Este descenso se lograría fundamentalmente por el aumento de la demanda, que se duplicaría por su electrificación. Asimismo, se ayudaría a una menor dependencia energética del exterior, ya que España tendría que importar menos crudo: en 2050 harían falta entre 7 y 15 millones de barriles de petróleo, frente a los 416 millones de 2013, con un coste que ascendió a 34.000 millones de euros.

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