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Lograr que las ciudades donde se concentra la mayoría de la población sean lugares más habitables es uno de los retos que enfrentan las sociedades contemporáneas de los países desarrollados y uno de los 17 objetivos de desarrollo sostenible marcados por las Naciones Unidas. Especialmente en un contexto como el actual, con la creciente amenaza del cambio climático, los consistorios locales se han puesto en marcha para buscar vías que mejoren la habitabilidad de las ciudades, poniendo especial atención en hacerlo de manera sostenible y respetuosa con el medio ambiente.

Estas medidas se pueden ver en ciudades cada vez más concienciadas en la promoción de la bicicleta para la movilidad diaria o que apuestan por potenciar el comercio de proximidad. Tal y como dice Intermón Oxfam, ciudad sostenible es aquella que ofrece calidad de vida a sus habitantes sin poner en riesgo los recursos y que vela por el bienestar de la humanidad futura a la vez que procura la justicia social.

Una definición que cobra sentido si tenemos en cuenta, según cifras de Naciones Unidas, que se prevé que 5.000 millones de personas vivan en ciudades en 2030. Urbes que solo representan el 3% del planeta pero que concentran entre el 60% y el 80% del consumo energético y que son responsables del 75% de emisiones de carbono. Por si esto no fuera suficiente, según la Organización Mundial de la Salud, el 90% de los habitantes de las ciudades ha respirado aire que incumplía las normas establecidas por el organismo, trayendo como resultado 4,2 millones de muertes desde 2016. ¿Cómo pueden revertir las ciudades esta situación? Aquí, algunas claves.

1. Azoteas que limpian el aire

La contaminación y la calidad del aire suponen uno de los grandes problemas a que se enfrentan las ciudades. Una solución para combatir la primera y mejorar la segunda pasa por convertir las azoteas de los edificios en espacios verdes capaces de absorber parte del CO2 que se genera en el entorno urbano a la vez que ayudan a limpiar el aire.

Ciudades como Copenhague han convertido la medida en obligatoria por sus potenciales beneficios. Una zona verde en una azotea es capaz de regular la temperatura del edificio —manteniendo el calor en invierno y refrescándolo en verano— con su correspondiente ahorro energético, absorbe el agua de la lluvia de manera que evita posibles inundaciones cuando hay tormenta e incluso se puede utilizar como huerto urbano del que extraer materias primas: no solo logra que las personas que la disfrutan se alimenten de manera más sana, sino que aligera su lista de la compra.

Tener una zona verde en la azotea requiere, eso sí, de un cierto mantenimiento. Es necesario tener en cuenta el clima para escoger la vegetación pertinente (y cuidarla con la regularidad suficiente) además de llevar a cabo las obras necesarias para que la instalación no implique problemas de goteras u otras molestias a los vecinos.

2. Alimentación más sostenible

Tener una alimentación basada en alimentos de origen vegetal, potenciar el producto local y de temporada, reducir el desperdicio, consumir pescado de reservas sostenibles y reducir el consumo de carne roja son algunas de las medidas que recomienda la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. Una alimentación sostenible es esencial para una ciudad sostenible, siendo estos núcleos de población los que más consumen y los que más desperdicios generan.

Entendemos por alimentación sostenible aquella que hace un uso responsable de los recursos naturales y que se cultiva y procesa siguiendo las condiciones medioambientales adecuadas sin el uso de agentes externos.

Y ya hay quien lo está llevando a cabo, como la compañía Honest. La firma responsable de cafés, tés e infusiones apuesta por recetas naturales, donde los conservantes y los colorantes no tienen cabida, pero además trabaja con agricultores de distintos puntos del planeta fomentando el comercio justo. La compañía de bebidas trabaja también por fomentar la economía circular gracias al uso de materiales reciclables en sus bebidas, ya sean plásticos con hasta un 30% de origen vegetal, que no contienen sustancias químicas perjudiciales, o también con vidrios.

Dentro de ese objetivo número 11 de desarrollo sostenible marcado por la ONU se habla, precisamente, de apoyar los vínculos entre zonas urbanas y rurales para favorecer el desarrollo nacional y regional, un punto muy de actualidad si tenemos en cuenta las cada vez mayores aglomeraciones de población en las grandes capitales. Las ciudades sostenibles no pueden existir si no cuentan con una base, una agricultura y ganadería también sostenibles.

3. Movilidad sobre dos ruedas

Las supermanzanas como la de Vitoria ya están redefiniendo el paisaje urbano de las ciudades apostando por un modelo que restringe el tráfico en grandes áreas urbanas para reducir el número de vehículos que circulan por las mismas, a la vez que se potencia el uso del transporte público o la bicicleta

Esta última está siendo la gran protagonista de la transformación que están sufriendo numerosas capitales y se ha convertido en un elemento común del paisaje urbano en la última década. Volviendo a Copenhague, esta capital europea se ha convertido en una de las mayores defensoras de este método de transporte y ha puesto en marcha iniciativas como un puente con forma de serpiente, exclusivo para ciclistas, que les permite ahorrar tiempo a la hora de desplazarse a la vez que descongestiona otras áreas que antes compartían con peatones y donde la movilidad, debido a la existencia de escalones, era más complicada para los primeros.

Pero no acaban ahí las novedades implementadas en la ciudad danesa, que desde 2012 ha puesto en marcha las llamadas ‘supercykelstier’, o autopistas ciclistas, grandes carriles bici pensados única y exclusivamente para moverse y potenciar este método de transporte. En la actualidad, la capital ha planeado hasta 45 de estas vías, que llegarían a sumar hasta 746 kilómetros.

4. Generar electricidad entre todos

El concepto de generación distribuida es clave para entender como las ciudades del futuro podrán ayudar a mitigar los efectos del cambio climático. Y lo van a hacer generando electricidad a lo largo de sus fronteras gracias a pequeñas fuentes de generación que estarán instaladas cerca de los consumidores que las vayan a disfrutar, por lo que los consumidores pueden disponer de electricidad desde estas fuentes o desde las centrales convencionales.

Este concepto reduce las pérdidas en la red eléctrica, mejora la fiabilidad y la calidad del sistema eléctrico y, un punto muy importante, acostumbra a potenciar el uso de energías renovables. Es habitual que las unidades de microgeneración eléctrica, con potencias inferiores a 3kW, sean fotovoltaicas o eólicas. Es más, incluso un coche eléctrico enchufado a la red podría verter su energía en horas de alta demanda para recargarse luego cuando la ciudad duerme. Medidas como esta, puesta en conjunto con otras mostradas en este texto, serán necesarias para que las ciudades del futuro puedan cumplir con los objetivos marcados por Naciones Unidas. Y algunas grandes capitales ya se han puesto las pilas para cumplirlo.

Fuente de la noticia: https://www.elconfidencial.com/sociedad/2019-12-13/ciudades-sostenibles-autopistas-bicis-jardines-tejados-bra_2331579/

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