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La ciudad supera a otros aspirantes y liderará una gran comunidad internacional de innovación.

Excelente noticia para Barcelona, sin duda una de las mejores de los últimos tiempos. El European Institute of Innovation and Technology (EIT) ha designado al consorcio MOBILus, liderado por la capital catalana, para que sea el ­encargado de desarrollar una de sus comunidades de innovación ( knowledge & innovation community, KIC), en concreto la que se centrará en la movilidad urbana.

En el desenlace de una compe­tición que se ha llevado a cabo con la máxima discreción, el pasado miércoles, el instituto europeo, con sede en Budapest (que no quiere dar los nombres de los otros competidores), optó por la propuesta presentada por esta plataforma en la que, además de Barcelona, están integradas otras doce ciudades, 17 empresas y 18 universidades y centros de investigación. Barcelona, que albergará el cuartel general de este nuevo KIC y dirigirá la ini­ciativa, aporta a esta aventura no sólo la experiencia y el liderazgo de la ciudad y su Ayuntamiento, ­sino también el trabajo realizado por la Universitat Politèc­nica de Catalunya (UPC) y por la firma automovilística Seat. El otro socio español es el Centro de Tecnología de la Automoción de Galicia (CTAG).

El comisionado de Promoción Económica del Consistorio barcelonés, Lluís Gómez, defendió el martes con éxito en Budapest las opciones del consorcio encabezado por Barcelona, que competía con otros aspirantes que tenían asimismo el apoyo de importantes ciudades europeas. Esta elección fue la etapa final de un proceso que se ha llevado a cabo con la absoluta confidencialidad que exige el EIT y en el que la capital catalana comenzó a implicarse hace casi tres años y que se ace­leró cuando Barcelona se quedó sin la sede de la Agencia Europea del Medicamento. Fue entonces cuando un equipo coordinado por el propio Lluís Gómez, y en el que también han tenido un papel destacado el área de Movilidad, dirigida por su gerente Manuel Valdés, el Instituto Municipal de Informàtica y la experiencia de la UPC, fue alimentando un proyecto que se ha concretado a partir de alianzas con socios muy potentes. Entre estos, ciudades como Áms­terdam, Tel Aviv, Estambul, Milán o las capitales escandinavas; centros de investigación y uni­versidades de primerísimo nivel y empresas de mucho peso en el ámbito de la automoción y la movilidad y la tecnología aplicada a este sector, como Seat, BMW, Siemens, Oracle, Amadeus, Škoda o Volkswagen, por citar sólo al­gunos de los componentes de este equipo ganador.

El propósito del EIT con las comunidades de innovación es activar el sistema de emprendedores con un objetivo que no es poca cosa: que Europa pueda competir de tú a tú con superpotencias como Estados Unidos o China en materia de soluciones tecnológicas a los retos que se plantean en áreas como la sanidad, la energía o, en el caso que ocupa a Barcelona, la movilidad urbana.

Para desarrollar un conjunto de proyectos ajustados al cambio de paradigma de la movilidad ur­bana –que vivirá en los próximos años una auténtica revolución que ya empieza a apuntarse– esta comunidad de innovación dispondrá a partir del 2019 y durante siete años –prorrogables otros siete– de una financiación estimada en 1.600 millones de euros. Hasta un 25% de esta financiación la aportará directamente la Unión Europea a través del EIT. El resto saldrá de los socios (ciudades, empresas y universidades) que participan en el proyecto. Esta transnacional de la movilidad urbana tendrá su sede en Barce­lona y cinco subsedes o hubs de innovación en Copenhague, Praga, Munich, Barcelona y la pequeña holandesa de Helmond.

Durante un período de interinaje que se prolongará durante prácticamente todo el año 2019, los cuarteles generales de la iniciativa promovida por los 48 socios de 15 países diferentes, entre los que figuran incluso una universidad británica (University College London) y una suiza (la Escuela Politécnica Federal de Lausana), se ubicarán en la antigua fábrica de Ca l’Alier, en el distrito 22@ de Poblenou, recien­temente reinaugurada como centro de innovación urbana después de una costosa rehabilitación. ­Inicialmente trabajará en estas dependencias un equipo de diez o doce personas que se encargarán de poner en marcha el proyecto. Posteriormente, una vez la comunidad se establezca como entidad jurídica según la legislación española y comunitaria –algo que podría suceder en otoño del próximo año–, la sede se desplazará a unas dependencias más amplias, en un lugar de la ciudad todavía por determinar –preferentemente también el distrito 22@– desde donde se dirigirá y coordinará el proyecto y donde podría trabajar un centenar de personas. En cualquier caso, la creación de puestos de trabajo directos no es el objetivo principal de este proyecto que, más allá de su principal razón de ser –actuar como un gran laboratorio europeo de soluciones sostenibles y eficientes a los retos que plantea la movilidad urbana–, es importante por los efectos multiplicador y llamada que puede tener, similar en cierto modo al de la Mobile World Capital en el ecosistema empresarial y de emprendimiento. Y, en definitiva, porque debería ser también un generador de empleo, riqueza y negocio.

En la elección del proyecto que lidera Barcelona, confirmada ayer mismo en la web del Euro­pean Institute of Innovation and Technology, ha influido sin duda la apuesta de esta ciudad por las smart cities y la fortaleza de la alianza con otros socios de gran envergadura, no sólo las ciudades sino también las empresas y centros de investigación que están detrás del proyecto. Fuentes municipales consultadas por La Vanguardia añaden que la elección es también un reconocimiento a Barcelona no sólo porque tiene un modelo de movilidad urbana sino porque, además, ha comenzado a implementarlo sobre el terreno. Ponen como ejemplos las supermanzanas, fuertemente cuestionadas en algunos casos en la propia ciudad pero consideradas una solución modélica en el extranjero; la próxima aplicación –a partir del 1 de enero– de la normativa que ha de bajar las bicicletas de las aceras; la primera regulación de los vehículos de movilidad per­sonal, como los patinetes eléctricos; el despliegue de la red ortogonal de autobuses que acaba de completarse hace apenas una semana, o el desarrollo de sistemas de coches y motos compartidos.

La de la movilidad urbana es la primera comunidad de innovación que bendice el EIT en la que participan las ciudades y, además, lo hacen con funciones de lide­razgo.

La decisión del EIT de seleccionar el proyecto del consorcio MOBILus (Movilidad para Espacios Urbanos Habitables), que según el instituto europeo ­debería dar los primeros frutos en el año 2020, merece una celebración y, sobre todo, una explicación del proyecto. Eso es lo que ha programado el Ayuntamiento de Barcelona para el próximo miércoles, 12 de diciembre. En esa ­fecha la agencia municipal de ­desarrollo económico, Barcelona Activa, acogerá en sus instalaciones a un centenar de represen­tantes de las entidades asociadas invitadas por la alcaldesa Ada ­Colau. Será entonces cuando la comunidad de innovación iniciará una trayectoria que se espera larga, fructífera y, sobre todo, beneficiosa para Barcelona.

Fuente de la noticia: https://www.lavanguardia.com/local/barcelona/20181207/453402120450/barcelona-capital-europea-movilidad-urbana-mobilus.html

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