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Diseñadas para hacer más fáciles y eficientes lo viajes, las futuras autovías y autopistas apenas necesitarán mantenimiento, ayudarán a evitar accidentes y generarán suficiente energía para autoabastecerse.

Teniendo en cuenta la extensión que ocupan, es extraño que en la era de la ‘inteligencia’ de los objetos inanimados y del máximo aprovechamiento de los recursos, las carreteras de todo el mundo estén, en cierto modo, desaprovechadas.

Ciertos proyectos empiezan a pensar en cómo gestionar su potencial y, aunque muchos se encuentran aún en fase de desarrollo, las posibilidades que abren trazan un esbozo de lo que serán las carreteras en el futuro.

Energía solar Uno de las últimas iniciativas es convertir el asfalto en una gigantesca placa solar fotovoltaica. El consorcio holandés SolaRoad ya ha cubierto un pequeño tramo de 70 metros con paneles solares (protegidos por capas de materiales resistentes pero que les permiten capturar la energía) capaces de generar el suministro necesario para abastecer a una o dos casas.

En este sentido destaca también el proyecto estadounidense Solar Roadways que, con el mismo tipo de idea, logró recaudar cerca de 2 millones de dólares en la plataforma de crowdfunding Indiegogo.

Las carreteras solares de SolaRoad tendrían una vida útil de 20 años y tardarían en amortizarse unos 15, por lo que la energía que se generara en el lustro restante no tendría ningún coste añadido, lo que, según el consorcio, hace que esta opción sea económicamente atractiva.

Indicadores inteligentes En Holanda se estrenó hace ya tres años un pequeño tramo de 500 metros de lo que se denominó ‘carretera inteligente’. Su señalización se valía de la luz solar que acumulaba durante el día para iluminarse automáticamente por la noche y sustituir a las farolas que normalmente jalonan las vías (evitando el consecuente gasto energético que su encendido conlleva).

La compañía responsable de esta iniciativa, Studio Roosegaarde, también tenía en mente desarrollar unas señales inteligentes que también se alimentasen de energía solar y que sólo se activasen en circunstancias muy específicas (cuando nieva o hiela) para alertar al conductor del estado de la vía.

Deshielo automático La iniciativa Solar Road Systems de ICAX no sólo alargaría la vida de la carretera, sino que salvaría vidas. El sistema haría que las carreteras fueran capaces de acumular energía solar durante el verano que se almacenaría en los llamados Thermalbanks (acumuladores colocados en una capa bajo el asfalto) para emplearla en invierno cuando se necesite deshacer el hielo, evitando así posibles accidentes

Se puso a prueba en Hiroshima (Japón) y se comprobó que, al margen de un aprovechamiento óptimo de los recursos, también suponía un gran ahorro respecto a los sistemas que se empleaban antes (quitanieves, sal, etc.).

Aprovechar el movimiento Otro proyecto propuso convertir en electricidad el propio movimiento de los vehículos al circular por carretera. Una firma israelí llamada Innowattech creó hace ya seis años unos cristales que, una vez incrustados en el asfalto, son capaces de generar una pequeña cantidad de energía por la presión que ejercen sobre ellos los coches al circular.

La compañía puso a trabajar su invención en algunas carreteras de Israel y llegaron a probar sobradamente su capacidad. Eso sí, este sistema sólo generaría una cantidad de energía relevante en vías muy transitadas.

‘Aerogeneradores’ impulsados por el paso de los vehículos La idea, que aún se encuentra en desarrollo, sería aprovechar el ‘viento’ que provocan a su paso los coches al circular a gran velocidad para generar energía gracias a unas pequeñas turbinas situadas en los laterales y en las medianas de la carretera . Éstas serían más parecidas a un ventilador que a los típicos y gigantescos aerogeneradores.

Al tratarse de una iniciativa que aún no se ha puesto en práctica no se sabe aún cuánta energía podría generar.

Asfalto a prueba de bombas El mantenimiento de las carreteras cuesta millones de euros a la Administración de nuestro país. Del presupuesto que normalmente se destina al año a este fin, la reparación de zonas donde el asfalto está dañado es una de las partidas más importantes.

El Centro de Tecnología de Repsol diseñó el año pasado un asfalto que se autorepara y cicatriza las heridas que el uso o los contratiempos dejan en él. Si se generalizara su uso, se reduciría el daño medioambiental que conllevarían las tareas de mantenimiento así como los residuos generados.

Además, aunque este material es más caro que el tradicional, supondría un ahorro del 50% en costes de mantenimiento y reparación. Por otra parte, Repsol también ha diseñado un asfalto drenante especial para zonas muy lluviosas.

Recarga contactless de vehículos eléctricos En este caso no se trata de que la carretera genere energía, sino de que la transmita a los vehículos eléctricos que circulen por ella. Bajo el asfalto, una serie de cables convierten la vía en un ‘cargador’ que transfiere energía a los coches sin ningún contacto gracias al magnetismo. En 2013, se reformó un tramo de 24 kilómetros en Corea del Sur para poner a prueba este sistema.

Las ventajas son evidentes: ningún vehículo eléctrico podrá dejar tirados a sus ocupantes ya que será imposible que se quede sin batería y, además, las dimensiones de ésta reducirán considerablemente. Si se extendiera su uso, podría marcar un antes y un después en el abandono definitivo de los combustibles fósiles y de sus emisiones nocivas.

Eso sí, el coste que supondría transformar más tramos de carreteras en ‘cargadores’ a gran escala hace que esta iniciativa no sea viable por el momento. Una solución de cara al futuro sería combinar esta recarga eléctrica con alguno de los sistemas antes mencionados que producen energías limpias.

Fuente de la noticia: http://www.entornointeligente.com/articulo/5980787/–

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