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Por José Luis Peña

 

Tras dos semanas de aislamiento he podido llegar a diversas comprobaciones empíricas, unas positivas y otras… digamos que sin catalogar.

Entre las positivas, la más reseñable es que el teletrabajo, y más propiamente dicho la digitalización de actividades, ha sido puesto a prueba y el resultado puede catalogarse de muy bueno. Videoconferencias, sistemas de trabajo colaborativo, almacenamiento en la nube etc; toda una pléyade de herramientas que, adecuadamente combinadas, nos están permitiendo mantener un nivel de actividad profesional más que aceptable.

El segundo aspecto reseñable es que para combatir la pandemia la innovación está teniendo un papel muy relevante. Desde las numerosas e ingeniosas iniciativas de técnicos con perfiles de lo más diversos hasta el uso de procedimientos administrativos que nos son familiares a los profesionales dedicados al mundo de la innovación.

Aunque entre el gran público apenas ha tenido repercusión, el uso de la compra pública innovadora (CPI)  por parte de la Agencia Gallega de Innovación en busca de soluciones para un conjunto de retos, que los profesionales sanitarios han identificado, https://www.amigus.org/2020/03/24/gain-propuestas-investigacion-e-innovacion-covid-19/ me parece  un magnífico ejemplo de lo que la innovación, incluso en los propios procesos de licitación, es capaz de aportar.

En el capítulo de experiencias, digamos que no muy positivas, está el acceso a la información veraz. No me gustaría en polémicas sobre el uso más o menos partidista de la información sino recordar algo básico sobre el mundo de la ciencia y el método científico.

He de reconocer que soy un enamorado del libro “Sapiens. De animales a dioses: Breve historia de la humanidad” de Yuval Noah Harari. Dentro del libro habla de los tres grandes factores que han controlado la población de seres humanos: el hambre, la guerra y las enfermedades. Respecto a estas últimas, el desarrollo de la ciencia ha permitido, por primera vez en la historia de la humanidad, desligar las pandemias de visiones basadas en castigos de los diversos dioses y creencias que hay en el mundo. En la sociedad actual, el mayor o menor impacto de una pandemia es única y exclusivamente achacable a lo que el autor denomina “incapacidad técnica”.

Una de las fuentes de incapacidad técnica proviene del pobre uso de la información. Precisamente en dos diarios de tirada nacional aparecen noticias que, en el fondo, están muy ligadas: por un lado, las quejas de los matemáticos sobre el pobre contenido de las enseñanzas de matemáticas que se están facilitando por televisión para los alumnos que no tiene acceso a plataformas online. La imagen de la noticia, en la que una profesora explica cómo se hace una raíz cuadrada lo explica todo.

Fuente: El Mundo

 

Soy de los que creen que las matemáticas es la única ciencia exacta, lo que le proporciona una belleza conceptual inigualable pero que su dominio requiere dedicación y, sobre todo, unos docentes de alto nivel. Si queremos que los alumnos huyan despavoridos del mundo de la matemática, ejemplos como el anterior lo explican todo. Por hacer una analogía, llegué ( y eso delata mi edad) a usar tablas de logaritmos. Éstos me parecen una herramienta matemática básica, pero la forma como se calculan es algo absolutamente irrelevante una vez conocido el concepto.

La pobre “comprensión lectora” en cuestiones matemáticas de la mayor parte de la población hace que no sea capaz de entender porqué estamos confinados y cómo las decisiones a tomar tienen su razón de ser en relativamente sencillos conceptos matemáticos. Podríamos decir que la ignorancia matemática nos hace menos libres.

He citado que había dos referencias aparecidas en diarios nacionales. La segunda https://elpais.com/ciencia/2020-03-26/los-datos-estan-mal.html muestra la pobre cultura numérica de una gran parte de la población, lo que permite la difusión de fake-news o, al menos, medias verdades.

Como siempre es mejor dar esperanzas que malas noticias, sirva recordar que el menos hay un importante grupo de profesionales de la educación, en este caso del mundo matemático, que a través de programas como http://www.estalmat.org/  están consiguiendo que un importante número de alumnos encuentren en las matemáticas una fuente de conocimiento, diversión e, incluso, futuro profesional.

España ha mejorado sustancialmente en la última década su posicionamiento en los ranking de conocimiento del mundo matemático, como pueden ser las olimpiadas matemáticas https://bit.ly/39oA5d9,    aunque esta mejora no se ha extendido a capas más amplias de la población como lo demuestran los resultados del informe PISA. Como los cambios pocas veces son abruptos, este proceso de captación de alumnos interesados, retroalimentando a la capacidad del profesorado sienta las bases de una sociedad basada en conocimientos sólidos que, por otro lado, son tremendamente versátiles en cuanto al sector al que se pueden aplicar: sí, las carreteras también utilizan las matemáticas.

 

Jose Luis Peña

José Luis Peña PTCarretera

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