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Investigadores de la UPM elaboran un informe para la Red Civinet España y Portugal sobre el uso de la bici como alternativa de transporte en las ciudades.

La existencia de vías ciclistas en las ciudades, contrariamente a lo que pueda pensarse, no garantiza un mayor empleo de la bicicleta. Resultan imprescindibles otras medidas complementarias para fomentarlo, desde una mayor publicidad del registro de estos vehículos hasta cursos para aprender a montar y circular o el mantenimiento que requieren. Es una de las conclusiones de un informe elaborado por el Centro de Investigación del Transporte (Transyt) de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) para la Red Civinet España y Portugal sobre del uso de la bicicleta en las ciudades. El estudio recoge los datos ofrecidos por 18 ayuntamientos (16 españoles y 2 portugueses) y los enriquece con información procedente de diversas fuentes.

La Red Civinet España y Portugal, que se encuadra en la plataforma europea Civitas, es una asociación que agrupa a una treintena de municipios con el objetivo común de mejorar la movilidad urbana y conseguir un trasporte más limpio. En este empeño, la bicicleta representa una alternativa atractiva al modelo dominante. Sin embargo, solo 6 de las 18 ciudades estudiadas integran la estrategia específica para el fomento de su uso en los planes de movilidad urbana. El informe sostiene que esta inclusión logra multiplicar el beneficio que obtiene la causa ciclista.

La política más común de los ayuntamientos ha sido la creación de infraestructuras para las bicicletas. Probablemente, según los autores del estudio, porque resulta sencilla de implementar, frente a otras medidas de tipo conductual o que impliquen restricciones a los automóviles privados, siempre más controvertidas. Y admiten que es muy probable que los conductores no estén aún lo suficientemente maduros para convivir con los ciclistas, motivo por el que algunas voces demandan insistentemente la construcción de carriles bici como única forma de animar a pedalear por la ciudad.

El informe sostiene, sin embargo, que es fundamental concienciar a los ciudadanos de que el carril bici no es necesario, salvo en algunos casos, y quitarles el miedo a circular por la calzada. Por esta razón, destaca el esfuerzo que han realizado los ayuntamientos en los últimos años por sacar las bicicletas de las aceras y hacerlas convivir con el resto del tráfico urbano. Pero resulta imprescindible reforzar la seguridad para los elementos más vulnerables, según los investigadores de la UPM, pues algunas iniciativas adoptadas por las ciudades (carriles con velocidad limitada a 30 kilómetro por hora, distancia de seguridad) solo serán efectivas si van acompañadas de una vigilancia estrecha.

Para lograr que la bicicleta madure como alternativa de transporte, el estudio considera necesario que la ciudad centre su estrategia en la bici privada. Por ello, no preocupa a los autores el estancamiento que ha experimentado la demanda en los servicios públicos de préstamo, pues el uso de las bicicletas particulares está aumentando, lo que denota el cumplimiento de uno de los objetivos de ese sistema: animar a la gente a moverse sobre dos ruedas. Sin embargo, continúa siendo un freno la carencia de una oferta suficiente de aparcamientos para bicicletas privadas. El informe también subraya la importancia de favorecer la intermodalidad con el transporte público, empezando por la posibilidad de subir la bici a bordo de autobuses y trenes.

Fuente de la noticia: http://www.upm.es/institucional/UPM/CanalUPM/Noticias/d187c6adfaef0510VgnVCM10000009c7648aRCRD

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