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El sector energético representa algo más del 3% del PIB de España, y casi un punto porcentual de contribución, más de 10.500 millones de euros, viene a través de las energías renovables.

En el camino de identificar medidas concretas que ayuden a acelerar nuestra recuperación económica tras la covid-19, en esta nueva entrada del blog voy a hablar del cuarto eje de ese nuevo modelo productivo que propongo: la España sostenible y renovable. Del mismo modo que hemos avanzado en aspectos tales como la digitalización, el teletrabajo o la educación remota, también hemos constatado el impacto positivo que tienen en el medioambiente medidas que fomenten la sostenibilidad y el uso de fuentes de energía renovables. Pero como comentaba en mis anteriores artículos, este cambio que ahora se ha hecho de manera precipitada por las circunstancias, debemos tomarlo como punto de partida para definir un plan de reindustrialización concreto, España 5.0, alineado con la propuesta de crear centros de competencia en “sectores fuerza” que describía en el eje de actuación anterior de España Tecnológica e Industrial, dos de los cuales dejé para desarrollar ahora, el sector energético y el de la automoción, ambos orientados a la sostenibilidad y uso de fuentes de energía renovables.

Como se resalta en el “Manifiesto por una recuperación económica sostenible”, Europa ha puesto en marcha la “Alianza para una Recuperación Verde” (Green Recovery Alliance) que defiende que las políticas de estímulos deben ser efectivas desde el punto de vista económico y social y, a la vez, estar alineadas con las políticas de sostenibilidad y biodiversidad. Y en este contexto, España tiene unas condiciones ideales para aprovechar las oportunidades que supone esta estrategia de recuperación como son su enorme potencial de desarrollo de energías renovables, un capital natural único, una industria bien posicionada y una apuesta decidida por la eficiencia energética.

El sector energético representa algo más del 3% del PIB de España, y casi un punto porcentual de contribución, más de 10.500 millones de euros, viene a través de las energías renovables, que crecen a un ritmo anual del 10%. Cada millón de euros invertidos genera hasta 14 puestos de trabajo, y cada euro en inversión sostenible genera 2 de actividad económica.

Por su parte, el sector de la automoción representa un 10% del PIB de España y da empleo al 9% de la población activa, 650.000 personas de manera directa y genera el 19% de las exportaciones.

Estos dos sectores han sido recientemente objeto de planes específicos por parte del Gobierno, siendo más vigente aún el sentido de urgencia con el que afrontar su recuperación e impulso. Hay que actuar ya para aprovechar las oportunidades que representan por un lado el lanzamiento del Proyecto de ley de Cambio Climático y Transición Energética a finales de mayo del 2020 y, por otro lado, el plan de impulso de la cadena de valor de la industria de la automoción con una serie de medidas y ayudas de hasta 3.750 millones de euros, para renovar la flota de vehículos en España e intentar impulsar la competitividad y la sostenibilidad, destacando el plan MOVES 2020, un programa de impulso a la movilidad eléctrica y sostenible dotado con 100 millones de euros, para incentivar la compra de vehículos eléctrico.

Durante las próximas líneas desarrollaré mis ideas sobre las oportunidades de reindustrialización de ambos “sectores fuerza” mediante el desarrollo de Centros de Competencias específicos (uno para energías renovables con foco en la solar, otro para impulsar el vehículo eléctrico) con las mismas premisas que detallaba en mi anterior artículo:

  • Acelerar: Hay que ejecutar bien, pero hay que hacerlo rápido, hay que actuar ya. No podemos esperar a 2030, nuestra ambición debe ser que los resultados den su fruto rápidamente y que los planes que diseñemos ahora no se alarguen más allá de 2025.
  • Infraestructura: Hay que crear, desplegar la infraestructura, la red, que habilite las capacidades que permitan la creación de fuentes de valor.
  • Tecnología: Aprovechando todo nuestro talento y capacidades en I+D+i, trabajar para ser competitivos. Puede que en algún campo no tengamos el liderazgo (p.ej. paneles fotovoltaicos) pero si podemos ser diferenciales en todo lo que hay por detrás para logar que funcione.

¿Cómo hemos llegado a estos niveles de consumo energético?

Para entender como hemos llegado a la situación actual de consumo energético, es muy ilustrativo ver la progresión del mismo acorde a la evolución del ser humano y las sociedades en que vive. Simplificando mucho un fenómeno muy complejo, lo que ha ocurrido es que todo el carbono acumulado durante millones de años en forma de carbón, petróleo y gas, y que propició el escenario climático ideal para la evolución del ser humano, se ha liberado muy rápido, unos 300 años, sin dar posibilidad de adaptación genética del ecosistema.

  • Primeros ancestros: Nómadas que basaban su sustento en lo que la Tierra les ofrecía en cada momento. Realizaban un consumo energético de aproximadamente 2.000 Kcal/hab/día. Con el dominio del fuego este consumo se dobló y ascendió a 4.000 Kcal/hab/día.
  • Primeras civilizaciones: Asentamiento permanente y desarrollo de actividades como agricultura y la ganadería. El consumo energético creció x3 hasta las 12.000 Kcal/hab/día. Con el dominio de los animales como ayudantes de trabajo en el campo este consumo se volvió a doblar (x2).
  • Revolución Industrial: Punto de inflexión, en el que no solo se incrementó de manera drástica el consumo hasta las 70.000 Kcal/hab/día sino que se pasó del uso del fuentes renovables como el agua y la madera al uso de combustibles fósiles, cuya formación había requerido de cientos de millones de años.
  • Hoy: El consumo por habitante ha seguido creciendo al igual que la población de manera exponencial, alcanzado el nivel actual de unas 230.000 Kcal/hab/día.

Las necesidades energéticas mundiales no han dejado de crecer por dos razones: (i) Aumento de la población, desde principios de la revolución industrial la población se ha multiplicado x8 hasta alcanzar casi 8.000 millones de personas, un crecimiento exponencial si tenemos en cuenta todo el tiempo que lleva el homo sapiens en la tierra. (ii) El consumo energético por persona se incrementa notablemente gracias a la revolución industrial. Además, este consumo se basa en gran parte en la combustión de materiales fósiles, con las consecuencias negativas que hoy conocemos. Y a pesar de ello, no se vislumbra a corto plazo un cambio en nuestra forma de pensar y actuar.

El medioambiente está tan deteriorado en la actualidad que para conseguir su regeneración necesitaremos actuar sobre él con decisión, lo que implicara necesidades energéticas adicionales, así como que nos replanteemos los orígenes de las fuentes de energía y su afección sobre el medio ambiente.

La Unión Europea asume un reto

Las Cumbres del Clima que se vienen celebrando los últimos 26 años en el marco de la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático (CMNUCC) han servido para ir marcando los objetivos a nivel global, reduciendo el impacto ambiental que el ser humano ha ocasionado sobre el planeta. Especialmente dos de ellas, la cumbre de Kioto en 1997 y la cumbre de Paris 2016. El protocolo de Kioto supuso el inicio de la corrección de los efectos causados por el ser humano sobre el medio ambiente, y la cumbre de Paris supuso el espaldarazo final a estas políticas, asumiendo el compromiso de tomar todas las medidas oportunas para limitar la subida de las temperaturas a no más de 2ºC en el año 2100. No obstante, poco después de la firma del acuerdo de París EE. UU. se retiró del acuerdo dejando a la UE y a China solos como líderes en la batalla contra el cambio climático.

La Comisión Europea envió el 4 de marzo del 2020 al Parlamento y al Consejo el borrador de una futura Ley del Clima Europeo que fijará el marco normativo para lograr la neutralidad climática en 2050, lo que implica emisiones de CO2 netas cero, con un paso intermedio en 2030 de reducción de emisiones de entre un 50 % y un 55% respecto a los niveles de 1990.

Esta Ley del Clima Europea plantea, entre otros, los siguientes objetivos:

  1. Establecer la trayectoria a largo plazo para cumplir el objetivo de neutralidad climática de 2050 a través de todas las políticas, de forma socialmente justa y rentable.
  2. Crear un sistema de seguimiento de los avances y adoptar nuevas medidas en caso necesario.
  3. Ofrecer previsibilidad a los inversores y demás agentes económicos.
  4. Garantizar que la transición a la neutralidad climática sea irreversible.

Es importante resaltar que esta ley convertirá estos objetivos en algo jurídicamente vinculante, es decir, que las instituciones de la UE y sus estados miembros estarán obligados a adoptar las medidas necesarias a nivel nacional y de la UE para alcanzar estos objetivos, revisando cada 5 años los progresos registrados en consonancia también con los objetivos marcados por el Acuerdo de París.

Con este importante apoyo desde la parte legislativa, el sector de las energías renovables se refuerza enormemente de cara a potenciales inversores, aportando las garantías jurídicas y financieras para estructurar un sector energético estable a largo plazo.

Centro de competencia en energías renovables (Solar)

El Gobierno de España lanzó el Proyecto de Ley de Cambio Climático y Transición Energética a finales de mayo del 2020, lo que implica la descarbonización de nuestro país para el 2050. Como decíamos antes, su principal objetivo es conseguir la neutralidad climática o balance de emisiones de gases de efecto invernadero 0 en el 2050 mediante bases jurídicas que apoyen está transición.

Esta transición energética, a través del Plan Nacional de Energía y Clima (PNIEC) plantea inversiones público-privadas de 241.000 millones de euros en la década 2021–2030 (30% pública, 70% privado), lo cual supondría un incremento del PIB anual en 17.000 millones de euros (un 1,8% del PIB de 2030) y crear más de 250.000 empleos. Para alcanzar los objetivos marcados se deberían de subastar 3.000 MW cada año de nueva generación renovable.

Las metas y algunas de las propuestas para el 2030 son:

  • La reducción en un 20% las emisiones respecto al año 1990.
  • Al menos el 35% del consumo total de energía será de origen renovable.
  • El 70% de la generación eléctrica será de origen renovable.
  • Mejora de la eficiencia energética un 35%.
  • En el 2050 el 100% debe ser energía limpia.
  • Desarrollo de un sistema de subastas para la generación de renovables, basado en el reconocimiento a largo plazo de un precio fijo por la energía.
  • Fomentar la hibridación en aquellas instalaciones donde ya tengan el punto de acceso concedido.

Si queremos una salida rápida de la crisis en la que estamos inmersos, este plan debería acelerarse, ejecutarse en los próximos 5 años como muy tarde, para así generar con mayor rapidez más de 90.000 puestos de trabajo (muchos en zonas rurales), realizar inversiones anuales del orden de 32.000 millones de euros para así aumentar nuestra competitividad y reducir nuestra dependencia energética del exterior.

Como se aprecia en la siguiente gráfica donde se muestra la “Evolución 1990-2018 de la producción de energía primaria en España por tipo” las energías renovables en las que España tiene bastante “materia prima”, como la solar o eólica, representan un pequeño porcentaje del total generado en función de la fuente.

Cada país debe utilizar los recursos de los que dispone para generar su propia energía. En España no tenemos petróleo, pero tenemos unos recursos abundantes y gratuitos que son “el recurso solar y eólico”, que debemos emplear al máximo para reducir nuestro déficit y dependencia de los recursos energéticos que son controlados por otras naciones. De este modo no hipotecaremos nuestro desarrollo con las dependencias energéticas e incertidumbres del exterior.

España es un país privilegiado en sus condiciones de irradiación solar versus temperatura media, las dos claves para obtener grandes eficiencias en la generación de electricidad mediante células fotovoltaicas o plantas solares térmicas.

En España recibimos del Sol más de 600 veces la energía que consumimos, disponemos de amplios territorios en los que instalar grandes plantas solares en terrenos no aptos para la agricultura ni para la ganadería, coincidiendo estas zonas, las más eficientes, con las zonas menos desarrolladas del país, donde más se necesita de proyectos para mantener la actividad económica y fijar la población, o para generar polos de desarrollo, alineado con el eje del plan España 5.0: España Continua e Inclusiva.

Para más información, acceda: https://cincodias.elpais.com/cincodias/2020/06/29/datalab/1593446107_112057.html

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