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‘Smart cities’. La palabra está asociada a la jerga tecnológica para referirse a cómo la tecnología va a cambiar las ciudades del mañana. Pero no es necesario depender exclusivamente de la tecnología para que una ciudad sea inteligente. Basta con tomar decisiones relacionadas con el uso y construcción de infraestructuras para que los núcleos urbanos sean más amables para el ciudadano.

Estas fueron algunas de las conclusiones a las que llegaron los invitados a la mesa redonda organizada por El Confidencial sobre desarrollo sostenible en las urbes bajo el título ‘Infraestructuras complejas para las ciudades del mañana”. A ella se sentaron Félix Herrera, coordinador del grupo de trabajo sobre ‘smart cities’ y ‘smart regions’ del Colegio Oficial de Ingenieros de Telecomunicaciones; Raquel del Río, asesora del área de desarrollo urbano sostenible del Ayuntamiento de Madrid; Antonio Lucio, antiguo director de la Fundación Movilidad y experto en movilidad sostenible; Adalberto Claudio, director general del área de gestión contractual y estudios de Acciona Construcción; Fernando Vizoso, director en el área de infraestructuras y transporte de KPMG en España, y Patricia Fernández, vocal de la junta de gobierno y responsable del área de sostenibilidad del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.

Una de las primeras preguntas que surgieron en la mesa fue cómo es posible mejorar la calidad de vida en una ciudad del tamaño de Madrid. Félix Herrera fue el primero en explicar que el objetivo de las grandes ciudades pasa por “la eficiencia y la felicidad”. Recalcó que, muchas veces, la política se olvida de que el objetivo de la gente “es ser feliz” y que el flujo de vida de una ciudad debe estar adecuado ese fin. “Si soy responsable de esa ciudad, tengo que velar para que el ciudadano no se sienta mal si acaba, por ejemplo, ‘envenenado’ en un atasco en la M-30”.

De esa actuación municipal para mejorar la felicidad de los ciudadanos también habló Raquel del Río, desde del Ayuntamiento de Madrid: “La capital ha dejado de crecer de forma extensiva y ahora hay que actuar sobre la ciudad existente”. ¿Cuáles son esas medidas que habría que poner en marcha para lograr una ciudad que responda mejor a las demandas de sus usuarios?

Raquel del Río, asesora del área de desarrollo urbano sostenible del Ayuntamiento de Madrid.
Raquel del Río, asesora del área de desarrollo urbano sostenible del Ayuntamiento de Madrid.

Antonio Lucio, experto en movilidad sostenible, apuntó algunas soluciones que ya se pusieron sobre la mesa antes de que la crisis financiera del año 2008 echara por tierra un buen número de infraestructuras. “El carril Bus VAO es un caso de estudio clarísimo de algo que ha funcionado. Vinculado al intercambiador de Moncloa, se decidió construir en el 90 y se inauguró en el 95”. ¿Y después? “La nada”, como recuerda Adalberto Claudio, desde Acciona Construcción: “Es necesario hacer infraestructuras versátiles. En el sureste asiático, se piensa en grandes túneles para que sirvan de desagüe cuando haya inundaciones. Aquí se ha hecho el Bus VAO y ha muerto ahí”.

Profundizando en posibles soluciones para mejorar el tráfico en la capital, Lucio expuso un par de ideas que, a su juicio, deberían estar más que presentes en la agenda política. “Está consensuada una M-45 de transporte público con soluciones razonables. Debería estar en lo más alto de la agenda pública de Madrid. Y también se pueden usar conos para hacer carriles reservados en determinadas vías. Es una prueba que a los pocos meses ofrece una oportunidad para crear una infraestructura fija. Ahora mismo se puede experimentar y desviar el tráfico a las radiales, lo que además generaría más clientela para ellas”.

El problema de la mensajería en el centro

Las grandes ciudades se enfrentan en la actualidad a retos relacionados con el aumento del flujo de mercancías que entran en los centros urbanos. Ya sean asociadas a grandes comercios ‘online’ o incluso a otras superficies como supermercados, su presencia ha producido un impacto en ciudades donde ese tráfico se ha multiplicado de manera exponencial.

Mientras el tráfico se multiplica, acciones como Madrid Central van a restringir el paso de vehículos por el centro de la capital, lo que, a tenor de los participantes en el debate, debería suponer una oportunidad para “aprovechar infraestructuras que se van a quedar obsoletas”.

Adalberto Claudio, director general del área de gestión contractual y estudios de Acciona Construcción.
Adalberto Claudio, director general del área de gestión contractual y estudios de Acciona Construcción.

Claudio puso el ejemplo de los aparcamientos subterráneos en el centro. “Reutilicémoslos. Si el repartidor de la compra viene a casa por la mañana, no me encuentra y tiene que volver mañana… ¿por qué no montamos una caja refrigerada en una planta de un ‘parking’ donde pueda recogerlo?”. La medida, además, serviría para “ocultar infraestructuras que no es necesario mantener a la vista”.

“La tecnología no es un fin”

Una herramienta, pero no la finalidad. Ese es el papel que debería jugar la tecnología a la hora de ayudar a las ciudades a convertirse en espacios más amigables de cara a sus ciudadanos. “La ciudad debe pensar en los ciudadanos. Qué quiere en términos de calidad de vida, cómo va a querer que se muevan, qué servicios sociales necesitan… La tecnología es una herramienta útil para conectar infraestructuras y para conocer las demandas de los usuarios, pero cada ciudad es diferente. Madrid tiene unas necesidades y problemas, y Daca, Bangladesh, otros”, apuntaba Fernando Vizoso, desde KPMG en España.

Vizoso hizo hincapié en la necesidad de abordar incluso la mejora de infraestructuras existentes como una oportunidad para mejorar las ciudades. “Han hecho un reasfaltado al lado de mi casa, muy bueno, pero me crea desazón al ver una oportunidad perdida. Es la misma infraestructura de hace 50 años sin elementos nuevos o que busquen complicidad con los vecinos del barrio”. Y, sin ir muy lejos, puso el ejemplo de los patinetes en Madrid para escenificar el impacto de los avances tecnológicos: “Nos ha pillado a contrapié y nos puede pasar con los drones en tres años. Esto va a ocurrir y hay que prepararse”.

Antonio Lucio, exdirector de la Fundación Movilidad y experto en movilidad sostenible.
Antonio Lucio, exdirector de la Fundación Movilidad y experto en movilidad sostenible.

Pero el problema al que se enfrenta cualquier gran ciudad actual es ese crecimiento muchas veces descontrolado que no obedece a una planificación previa. En ese ámbito, Patricia Fernández, vocal de la junta de gobierno y responsable del área de sostenibilidad del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, señalaba que el fin de una ‘smart city’ es la creación de ciudades más sostenibles. “Hay que pensar para qué y para quién las vamos a construir, porque necesitamos un nuevo modelo de ciudad que no es el que teníamos. Es fundamental la colaboración entre agentes públicos y privados, deben ir siempre juntos y no en paralelo”, afirmaba.

En ese aspecto, Vizoso ponía un ejemplo más que revelador. “Existe un problema si me he dedicado a convencer a todos para ir en bici o patinete pero la realidad es que no hay una infraestructura segura para que los niños vayan en bici al colegio. El cambio de mentalidad debe ir acompañado con las infraestructuras”.

Ciudades humanizadas

Llegados a este punto, Lucio recordó “las implicaciones históricas de jugar a planificar la ciudad ideal”. Puso los ejemplos de París o Barcelona, donde se ha intentado construir proyectos globales que se han terminado por convertir “en procesos sociales donde impera la inteligencia colectiva. Es un movimiento de arriba abajo que se humaniza porque al ‘hardware’ se le añade el ‘software”.

Fernando Vizoso, director del área de Infraestructuras y Transporte de KPMG en España.
Fernando Vizoso, director del área de Infraestructuras y Transporte de KPMG en España.

Y en ese proceso de humanización es donde Claudio apuntó la importancia del poder político para marcar el rumbo que debe seguir una ciudad. “Es importante saber dónde estamos, dónde queremos llegar y el tiempo que tenemos para hacerlo. Pensar a 50 años es imposible, pero es importante cubrir necesidades básicas de energía y agua”.

¿Tiene Madrid un plan para cubrir esas necesidades? En palabras de Del Río, lo tiene, ya que el ayuntamiento financia “el 60% de la instalación de cualquier renovable” para que la generación de energía sea más eficiente y se rompa “el oligopolio que manipula ese mercado”. También señaló el caso de Quito como ciudad que trabaja para gestionar mejor el agua: “Te permiten edificar siempre que recuperes el agua de la lluvia. Por ejemplo, a tasa de agua que pagan los centros comerciales es pequeña porque tienen muy pocos baños”.

En definitiva, los retos de las grandes ciudades pasan por una planificación a medio y largo plazo (sin descuidar el presente), la tecnología como medio y poniendo a las personas, y sus necesidades, en el centro de la política urbanística.

Fuente de la noticia: https://www.elconfidencial.com/espana/madrid/2018-11-15/madrid-trafico-movilidad-infraestructuras-bra_1645482/

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