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Digitalización, tecnología e industrialización. Éstas son las principales claves para abordar la transformación de nuestras ciudades en urbes inteligentes, haciendo frente a los retos que traen factores como la urbanización y el cambio climático. Así lo explicaron los expertos que participaron en el Observatorio sobre Construcción Inteligente organizado por elEconomista en colaboración con Siemens.

Desde el año 2009 más de la mitad de la población mundial vive en ciudades y se estima que en 2050 lo hará casi el 70%, según un estudio elaborado por la ONU, que apunta que Europa albergará el 13% de los habitantes urbanos.

Con estas proyecciones se espera que para 2030 el planeta tendrá 43 urbes enormes con más de 10 millones de habitantes cada una, y ante este panorama España debe prepararse para un crecimiento imparable de sus ciudades, empezando por sectores como el de la construcción, que actualmente lidia con el problema de tratarse de “una industria muy regulada y sometida a normas generales, regionales y locales, y por eso es tan conservadora”, apunta Jesús María Daza, director general de Building Technologies de Siemens, que pone el foco en la necesidad de que la construcción se adapte a las nuevas tecnologías y haga uso de ellas, como es el caso del BIM (Building Information Modeling).

“El porcentaje de proyectos que se realizan con BIM todavía es pequeño y deberían ser los órganos de gobierno del COAM, los ayuntamientos y los gobiernos estatales y regionales los que promovieran la aceleración del uso de esta herramienta, ya que la industria debe adaptarse a tecnologías como esta y debe formar a muchos profesionales para no quedarse atrás”.

Valentí Fontserè, director del Área Técnica e Innovación de Comsa Corporación, apunta que en su empresa apostaron por el BIM desde 2009 y “empezamos con proyectos industriales en Francia”. “En España tenemos más tecnología de la que las constructoras necesitan. De hecho, en nuestro país se ha hecho mucha innovación, pero cae en saco roto porque la normativa la deja fuera, ya que el PG3 (Pliego de prescripciones técnicas generales para obras de carreteras y puentes) no la contempla. De este modo, cualquier material alternativo no está regulado. Es la travesía al desierto”, denuncia el directivo.

En este sentido, Pilar Pereda, asesora del área de Urbanismo del Ayuntamiento de Madrid, pone sobre la mesa la problemática de la ley de contratos, “que lo único que valora es la baja”. “Desde un inicio ya estás obligando al arquitecto a que su proyecto esté muy ajustado, pero luego viene esa baja y entonces ya no se puede hacer innovación”, apunta Pereda.

Fontserè explica que en el caso de la construcción “quieren que hagamos proyectos en BIM, inteligentes y sostenibles, pero que cuesten lo mismo. Se trata de una ecuación que no encaja”. Así, apunta que están licitando obras con bajas del 48 y 52%.

“De esta forma es imposible llevar al sector público iniciativas que sí que estamos aplicando con clientes privados, que están dispuestos a invertir un 5% más ahora para obtener ahorros del 20%”, concreta Fontserè.

En la misma línea, Carlos Lamela, cofundador y presidente ejecutivo de Estudio Lamela, apunta que hace diez años, los honorarios para los arquitectos eran del 5-6%. “Ahora los promotores quieren pagar el 3%, cuando los proyectos son más grandes”. Así, Lamela apunta que en España “el ingreso medio de un arquitecto al mes es de 1.600 euros” y asegura que “un arquitecto de prestigio para el promotor puede suponer una diferencia mínima de 15 euros”.

Daza señala que el problema reside en que se quiere rebajar donde hay valor añadido. “En el metro cuadrado de hormigón o en el de ladrillo tienen poco que reducir, por lo que el 40% de baja se saca de arquitectos, técnicos y de tecnología. Son las partidas susceptibles de ahorro y al recortarlas perdemos en tecnología y en diseño. Lo que estamos haciendo es construir de una forma muy precaria debido a que se ajustan los precios donde hay más valor añadido”.

Jose María González Romojaro, director técnico de Aedas Homes, una promotora que tiene poco más de dos años y medio de vida, asegura que se han encontrado “con un sector enorme, pero totalmente ineficiente basado en procesos artesanales”.

El directivo asegura que tienen claro que “somos los promotores los que tenemos la batuta para aunar a todas las partes del proceso de construcción”, si bien, también la administración debe poner de su parte y “hacer uso de tecnologías como el BIM para que puedan darnos las licencias en dos semanas”.

“Se trata de un trabajo colaborativo, si no estamos todos dentro no sirve para nada ni sacamos partido de todos los avances tecnológicos”, explica G. Romojaro, que apunta que en el caso del BIM su uso está mucho más extendido en “edificios de oficinas y de hospitales que en residencial”.

Tecnología accesible

Una ciudad es considerada smart city cuando el capital social, el transporte tradicional y las modernas infraestructuras de comunicación fomentan el desarrollo sostenible de la economía y promueven una alta calidad de vida. Para que todo esto suceda es imprescindible digitalizar el corazón de las ciudades y en este terreno juega un papel importante la construcción inteligente.

Según explica Jesús María Daza, de Siemens, un edificio inteligente es el que tiene capacidad de interrelacionarse con la red y es sostenible, de consumo energético cero o positivo. En este sentido, España tiene todavía por delante un importante recorrido, ya que Daza apunta que en nuestro país “la inversión media en los inmuebles no residenciales para dotarles de tecnología (sistemas electrónicos y de software, luz, climatización, ventilación o seguridad), supone apenas el 5% del valor del inmueble. En otros países europeos están ya por encima del 10%”, concreta el directivo.

G. Romojano destaca que a día de hoy “el edificio inteligente está muy focalizado en el tema energético y la sostenibilidad, y se está olvidando al usuario. Están saliendo muchas innovaciones y tecnologías y algo que me preocupa y donde estamos muy retrasados es el diseño de la accesibilidad universal, la discapacidad cognitiva, visual y auditiva”. El directivo explica que en las promociones de Aedas Homes, “siempre ofrecemos unos packs para que la viviendas se adapte a las dificultades de los usuarios. Tenemos que pensar más en la persona y dar, por ejemplo, a los mayores que no se pueden mover acceso a todo mediante la voz. Hay un mundo por desarrollar que yo echo en falta”.

En este sentido, Daza apunta que se da el caso del “edificio inteligente que pasa de eso a ser el más torpe”. Así, cree que es imprescindible “invertir en tecnología para definir bien los casos de uso y ese es un trabajo que tenemos que hacer entre todos, ya que en un mismo inmueble entran en juego muchas variables e innovaciones que tienen que interrelacionarse de forma inteligente y práctica para que realmente sean útiles para el usuario”.

En esta línea, Lamela también cree que la base se encuentra en la simplificación. “La tecnología tiene que estar al alcance de cualquiera. No podemos crear monstruos tecnológicos que nadie sepa controlar o que la promotora y constructora no puedan asumir”.

El arquitecto recuerda que el BIM “no deja de ser una herramienta más y cuando no existía también se hacían grandes edificios. En muchos casos con unos acabados y una calidad que hoy en día no tenemos. La panacea sigue siendo la lógica y el sentido común”.

Industrialización

Lamela apunta que “en los años ochenta ya se hablaba de los edificios inteligentes. Han pasado 30 años y seguimos sin saber exactamente lo que son”.

Según el arquitecto, la clave, además de en la digitalización, está también en la industrialización. “Tenemos que cambiar la industria, no podemos seguir como hasta ahora ni proyectar igual. Hay que darle una vuelta al sector y no podemos hacerlo solos. Tiene que haber un gran pacto de Estado en el que participen constructores, promotores, ingenierías, y arquitectos para cambiar el sector completamente y mirar a largo plazo, haciendo un plan a 30 años, por lo menos”, concreta Lamela, que pone de relieve el diferente recorrido que han tenido la industria de la construcción frente a la de automoción. “Estamos construyendo igual que antes un producto que es muy demandado por la sociedad. Los coches se han transformado y los edificios apenas han cambiado en los últimos años”, destaca Lamela, que cree que lo eficiente sería tener “concesionarios de edificios”.

En la misma línea, Daza pone el ejemplo de las plantas de generación de energía que se desarrollan en países del tercer mundo. “Se hacen construcciones modulares que se transportan en barco y después por carretera asumiendo costes enormes y aún así es infinitamente más barato que construirlas ahí”, explica el directivo. Daza concreta que se trata de una construcción modular que integra muchísimas instalaciones como los transformadores o las celdas de media tensión, mientras que en el caso de una vivienda es menos complejo. “Todo eso va construido y modularizado y lo único que se hace ahí es ensamblarlo. ¿Nadie cree que sería más eficiente construir la vivienda en ocho meses en lugar de en 24?”, se pregunta el directivo.

En esta línea, Lamela apuesta por dar uso a grandes industrias ya consolidadas en España para dar impulso a la industrialización residencial. “Tenemos una industria naval que está cayendo en picado. Sería muy eficiente reconstruir esta industria, que es tan similar, y que tiene magníficos ingenieros, para que construyan edificios. Estoy seguro de que en dos años serían capaces de montar una unidad fantástica de edificación residencial”, explica Lamela, que cree que hay que apostar por iniciativas de este tipo. “Seguro que entre todos se nos ocurren proyectos para dar vida a sectores que se están quedando obsoletos y que se pueden reconducir hacia los edificios”.

Por otro lado, Pilar Pereda pone el foco en la eficiencia energética de los inmuebles, como una clave importante para la sostenibilidad de las ciudades del futuro. “Necesitamos integrar las distintas energías renovables en los inmuebles y en este sentido desde el Ayuntamiento de Madrid hemos sido pioneros al adelantarnos a la normativa europea apostando por vivienda de energía positiva”. Asimismo, la experta pone sobre la mesa la necesidad de que las tecnologías aplicadas a la vivienda no se queden solo en el centro de las ciudades y cree que es necesario trabajar para que la gente entienda que un edificio inteligente le va a permitir vivir mejor.

Fuente de la noticia: https://www.eleconomista.es/empresas-finanzas/noticias/9759127/03/19/Industrializacion-y-tecnologia-claves-para-la-ciudad-inteligente.html

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