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La digitalización es un proceso imparable que afecta a numerosos ámbitos de la sociedad, aunque en la mayoría de los casos convive con procesos tradicionales de forma complementaria. Un buen ejemplo es el ámbito educativo, donde se puede acceder al aprendizaje de manera presencial, a distancia a través de internet o mediante una combinación de ambas. Sin embargo, en la esfera de la formación vial, recientemente se ha abierto un debate en torno al borrador del real decreto con el que la DGT quiere modificar el Reglamento General de Conductores. Entre otras modificaciones, el texto incluye la obligación de asistir presencialmente a un contenido teórico de ocho horas para obtener el carné de conducir, asunto sobre el que se ha pronunciado la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC). A través de un informe no vinculante, la entidad aprecia que “la nueva exigencia favorece a las autoescuelas frente a otros modelos de negocio, como los prestadores de formación ‘online”.

Para abordar este y otros asuntos relacionados con la educación vial, El Confidencial organizó una mesa redonda en la que participaron miembros del sector y otras autoridades en la materia. Al encuentro asistieron Miguel González-Gallarza, presidente de la Plataforma de Autoescuelas Digitales (PAD) y CEO de Obikar; Pilar Canedo, consejera de la CNMC, además de profesora de Derecho en la Universidad de Deusto; Alfredo Campa Gómez, director del Instituto de Seguridad y Educación Vial (Isevi), y Lorenzo García Aretio, catedrático emérito de la Facultad de Educación de la UNED y director de la Cátedra Unesco de Educación a Distancia.

A pesar de la ausencia de la DGT en el coloquio, algunas intervenciones de los asistentes se centraron en el mencionado borrador del reglamento y en la polémica imposición que exige la asistencia a un mínimo de clases teóricas, postura que, por otra parte, tiene por objetivo concienciar sobre algo tan delicado como son los accidentes de tráfico. Sobre este asunto, la representante de la CNMC se mostró taxativa: “Las limitaciones y restricciones deben estar siempre basadas en razones imperiosas de interés general. Es cierto que la seguridad vial cumple con esta premisa, pero hay que preguntarse para qué sirven de manera concreta y evaluar su eficacia”. Pilar Canedo insistió en que las decisiones de la DGT deberían regirse por la “necesidad y la proporcionalidad”, ya que “pueden producirse externalidades negativas, como son los desplazamientos que exige la presencialidad, y que conllevan un sobrecoste evidente que afecta a la competencia en el sector”.

Profundizando en el tema, Miguel González-Gallarza preguntó “cómo se puede justificar la obligación de asistencia cuando actualmente el alumnado y los contenidos ya están totalmente digitalizados”. Para el presidente de la PAD, “la Dirección General de Tráfico tiene que entender que existe una formación ‘online’ que ofrece garantías y calidad”.

Precisamente sobre los aspectos positivos de la docencia a través de internet, el director de la Cátedra Unesco de Educación a Distancia de la UNED aclaró que “si está bien diseñada, no solo tiene una gran calidad basada en controles y evidencias directas, sino que presenta algunas ventajas que la enseñanza presencial no puede alcanzar”. Lorenzo García Aretio amplió su razonamiento matizando que si bien es “plenamente consciente de las virtudes de la presencialidad, no se trata del único factor que da rigor a la educación”, del mismo modo que “no se puede negar la eficacia de la digitalización, algo corroborado por todas las corrientes pedagógicas”.

Por su parte, el Instituto de Seguridad y Educación Vial coincidió en alabar los beneficios que aporta la compatibilidad de la formación presencial y ‘online’, aunque su representante enfatizó que “la población española tiene un importante problema con la educación vial”. Desde el punto de vista de Alfredo Campa Gómez, “lo más importante es mejorar la obtención del permiso de conducir por cualquier vía y ocuparse de la sensibilización. La clave es hacer algo, lo que sea, porque es evidente que el sistema actual no funciona bien”. Y defendió la idoneidad de medidas implantadas en otros países del entorno europeo, como, por ejemplo, “la existencia de una asignatura en colegios e institutos que aborde la educación vial desde la infancia”.

A los accidentes se suman nuevos retos

Todos los participantes en el encuentro coincidieron en que los índices de siniestralidad suponen un problema de primer orden. “Está claro que si algo funciona mal en la sociedad —explicó Lorenzo García Aretio—, la solución está en la formación y la educación”. El catedrático comentó que, “dado que los hábitos de toda la población están cambiando, es lógico pensar que el proceso de digitalización también afecte al ámbito de la enseñanza”. Defendió que “lo verdaderamente interesante es conseguir mejores resultados para evitar el drama de los accidentes de tráfico” e indicó que el camino a seguir es “trabajar para que los aprendizajes sean más completos”, refiriéndose al abanico de posibilidades que ofrece la pedagogía ‘online’.

A los datos y estadísticas de siniestralidad, hay que añadir otros retos a los que debe hacer frente la seguridad vial. La irrupción de elementos novedosos como los vehículos de movilidad personal ya es una realidad, a la que habrá que sumar tecnologías como el coche autónomo en un futuro próximo. “Los políticos no tienen en cuenta ninguno de estos aspectos. Realmente, no llevan ni una sola palabra al respecto en sus programas electorales”, según denunció Alfredo Campa Gómez. En la misma línea, el director del Isevi quiso “poner en valor la figura del docente”. Durante su intervención, subrayó que “se trata de un profesional cada vez más y mejor formado. Por ejemplo, en 2020 se exigirá un título de FP superior para poder ejercer como profesor de educación vial”. Del mismo modo, destacó el papel que juegan las autoescuelas en España, puesto que “hay alrededor de 9.000 centros que garantizan cercanía y un servicio de calidad para todos los ciudadanos”.

Convivencia de sistemas y libertad de elección

El CEO de Obikar expuso que “con la digitalización, la figura del docente no tiene por qué desaparecer”. Para el representante de la PAD, “el gran desafío en internet es que los contenidos sigan siendo de calidad y que además estén avalados por una autoridad, algo que se está consiguiendo”. Y recordó que, “en materia de educación vial, ya existe una experiencia en funcionamiento, con gran éxito y que nadie cuestiona: los cursos de reeducación para la recuperación de puntos o del permiso de conducir”.

De hecho, una conclusión unánime en la mesa redonda fue lo positivo de la coexistencia entre métodos. La enseñanza tradicional y la digital pueden complementarse para alcanzar los objetivos que la ciudadanía busca en materia de educación vial. En esta dirección, Pilar Canedo se preguntó a título personal “por qué los pilotos de aviones pueden entrenarse y aprender con simuladores informáticos y los conductores no”. La consejera de la CNMC remarcó que “la DGT, como administración, debe establecer un sistema que garantice la libertad de elección del usuario”, y concluyó advirtiendo sobre las consecuencias negativas que pueden desprenderse de “tener clientes cautivos a través de una asistencia obligatoria” que, al mismo tiempo, “no está justificada adecuadamente”.

Fuente de la noticia: https://www.elconfidencial.com/tecnologia/2019-12-12/educacion-vial-conductores-autoescuelas-bra_2372291/

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