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Europa afronta dividida una de las batallas cruciales en la lucha contra el cambio climático: la de eliminar el dióxido de carbono (CO2) del transporte por carretera. La ambición en la lucha contra el calentamiento global de Alemania –que durante las negociaciones previas al Acuerdo de París de 2015 formó un bloque de presión con los EE UU de Barack Obama y la China de Xi Jinping– se ha desdibujado. Y ahora lidera el grupo de países de la UE que quieren ralentizar el proceso de recortes de emisiones de CO2 (el principal gas de efecto invernadero) del transporte por carretera por el temor a dañar la industria automovilística.

Enfrente, un conjunto capitaneado por Francia y en el que están Países Bajos, Luxemburgo, Dinamarca, Irlanda, Grecia y Eslovenia aboga por acelerar esa lucha. España ha evitado hasta ahora alinearse públicamente con ninguno de los dos bandos e intenta hacer equilibrios entre su compromiso contra el calentamiento global y la industria del automóvil. Este lunes la patronal española Anfac ha avisado de la “enorme preocupación” con la que está siguiendo las negociaciones sobre los recortes futuros de emisiones en los turismos y furgonetas.

El debate llega este martes a Luxemburgo, donde los ministros de la UE con competencias en la batalla contra el calentamiento se reúnen para abordar este asunto. Lo hacen con el foco del informe del IPCC (el grupo de científicos asesores de la ONU en materia de cambio climático) sobre sus cogotes. Los expertos alertaron el lunes de que el planeta se está quedando sin tiempo en la lucha contra el calentamiento y urgieron a los Gobiernos a tomar medidas drásticas porque se corre un serio riesgo de que la temperatura entre 2030 y 2052 supere los 1,5 grados centígrados respecto a los niveles preindustriales, la meta más ambiciosa fijada en el Acuerdo de París. Si se quiere evitar, las emisiones mundiales de CO2 en 2030 deberán ser un 45% inferiores a las de 2010, algo hacia lo que no apuntan las proyecciones vigentes, que prevén que sigan aumentando en la próxima década.

La descarbonización del sector eléctrico de la UE –gracias a las reducciones de costes de las renovables y los avances tecnológicos– tiene marcada una senda clara por la que discurrir durante la próxima década.

La asignatura pendiente es el transporte, que acumula alrededor de un cuarto de todas las emisiones de la UE. La Comisión Europea, el Parlamento y los Veintiocho tienen que cerrar antes de fin de año los objetivos de reducción de las emisiones de CO2 para la próxima década. La Comisión propone una reducción del 30% respecto al nivel de 2021; el Parlamento quiere un 40%; y queda por despejar qué objetivo defienden los Veintiocho. De momento, Alemania –y varios países del este– apuestan por el 30% y Francia y sus aliados por el 40%.

Los Veintiocho tendrán como punto de partida en la reunión de este martes la propuesta que ha preparado Austria, que este semestre ostenta la presidencia rotatoria del Consejo de la UE. Según fuentes comunitarias, se pondrá sobre la mesa una reducción del 35% de las emisiones respecto a 2021. Austria, pues, ha optado por una posición intermedia entre la de la Comisión y la del Parlamento.

La reunión se antoja complicada. Las mismas fuentes explican que los Veintiocho quieren alcanzar una posición común por consenso y no tener que recurrir a una mayoría cualificada –el 55% de países miembros que representen el 65% de la población– para sacarla adelante. Entre otros motivos, varios países miembros pretenden evitar que Alemania quede fuera del consenso.

El Gobierno de Angela Merkel no quiere ir más allá de la propuesta de la Comisión alegando la pérdida de puestos de trabajo. Según un estudio de la Comisión, un recorte del 40% de las emisiones de CO2 se cobraría 12.000 empleos en Europa de aquí a 2030.

Alemania no está sola. Otro grupo de países del este –entre ellos, República Checa, Hungría o Bulgaria– también son reacios a los objetivos fijados por la misma razón. Y ahí, señalan fuentes diplomáticas, la carta que podría jugar la presidencia austriaca sería la de incrementar la cuota de vehículos híbridos y pausar la de coches completamente eléctricos para alcanzar los objetivos.

España intenta hacer equilibrios

“Posicionarse entre ambos” es el objetivo de la ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, para la reunión de este martes. Es decir, buscar un punto intermedio entre Francia, más ambiciosa en el recorte de emisiones de los coches, y Alemania, que lo es menos. Cuando fue interrogada por la posición española este lunes, la ministra no quiso comprometerse, pero recordó la importancia de la industria del automóvil en número de empleos y en aportaciones al PIB.

Fuente de la noticia: https://elpais.com/sociedad/2018/10/08/actualidad/1539015852_719424.html

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