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Cada cierto tiempo salta al debate público la conveniencia o no de implantar en Madrid, siguiendo el ejemplo otras capitales europeas como Estocolmo o Londres, un sistema de peaje urbano que permita disminuir los problemas de congestión en el centro de la ciudad, así como obtener unos ingresos que permitan mejorar el sistema de transporte público. Sin embargo este artículo no entrará en el debate sobre la necesidad o no de implantar este modelo en nuestra ciudad, sino que se centrará en las diferentes tecnologías existentes de peaje electrónico y aptas para entornos urbanos.

La naturaleza y requisitos exigidos por el entorno urbano tales como grandes flujos de tráfico diario, ocupación mínima del espacio público, y existencia de un conjunto heterogéneo de usuario; hacen que no sea viable los tradicionales puestos de peajes que se pueden observar en nuestras carreteras y que cuentan con amplias playas de peaje (el espacio en el que se encuentran los puestos y que producen un importante crecimiento de la sección transversal de la carretera) e importantes instalaciones. Por lo tanto, para su incorporación en entornos urbanos, los sistemas de peaje no deben influir en la fluidez ni en la velocidad de los vehículos, ser lo mínimamente invasivos que sea posible (es decir, precisando poca infraestructura sobre las calles) y capaces de discriminar por tipos de usuarios (residentes, vehículos de transporte públicos, turismos, furgonetas, etc.), todo ello sin poner en jaque la privacidad de los ciudadanos.

Una vez que conocemos los condicionantes técnicos y físicos que deben presentar los sistemas de peajes, queda claro que peaje manual clásico de las autopistas queda descartado, por lo que se debe pensar en sistemas electrónicos de cobro de peaje, conocidos comúnmente como sistemas de telepeaje. Sin embargo, existen numerosos sistemas de telepeaje que se pueden emplear como el DSRC, el sistema que utiliza ViaT y que se basa en el control de los vehículos a través de la lectura de un dispositivo a bordo de los mismos a su paso por pórticos; GPS, utilizado cada vez más en sistemas interurbanos, como el caso de Alemania, y cuya implantación en áreas urbanas es inminente; GPRS, aplicando el desarrollo de tecnologías móviles y el cada vez más extendido uso de smartphones, como ya se está aplicando en determinados estados de EE.UU., como Alabama; y Videotolling, o peaje a través de la lectura de matrícula a través de videocámaras. De este modo, para poder elegir cual es la tecnología que mejor se adapta a cada ciudad es necesario pensar en el tipo de peaje que se quiere implantar.

Llegados a este punto, es necesario definir las posibles opciones de peaje en entornos urbanos. La primera, que es la que se emplea en la mayoría de las grandes ciudades como las citadas anteriormente, consiste en un “peaje cordón” por el que se cobra al ciudadano que quiere acceder a una determinada área de la ciudad (generalmente el centro) y una vez dentro el importe del peaje no depende de la distancia recorrida en su interior o del tiempo que permanezca en la misma. Este sistema de peaje tan solo necesita conocer el momento en el que el vehículo entra en la zona sujeta a peaje y, como mucho, en el que sale de la misma. Asimismo, la infraestructura necesaria para efectuar la recolección de datos se circunscribe a tener controlado el perímetro del área en cuestión.

La segunda opción consiste en tarificar, dentro de un área concreta, en función de la distancia recorrida por cada vehículo estableciendo un precio por kilómetro e, incluso, pudiendo llegar a diferenciar el peaje a pagar entre calles, penalizando horas del día o en función del grado de congestión (siendo más caro circular por aquellas vías en las que existe una mayor congestión). Esta política de peaje, más justa ya que el que más circula o el que colabora en la creación de congestión más paga, presenta mayores problemas técnicos, puesto que precisa de una tecnología más exacta que conozca en todo momento la posición del vehículo y el momento del día en el que circula, lo que conlleva los consecuentes problemas de protección de la privacidad de los ciudadanos.

Con todo lo expuesto anteriormente, se puede deducir que existe un gran abanico de posibilidades, como se ve resumido en la tabla anterior. Sin embargo, si nos centramos en el caso de Madrid, una hipotética y futura introducción de un peaje urbano debería de ir acompañado de un exhaustivo estudio de cada una de las opciones señalas en el artículo. En general, la solución clásica consistiría en un peaje cordón en el que se cobraría por entrar a la almendra central de la ciudad basado en DSRC o videotolling. Sin embargo, dado que estas tecnologías están evolucionando de forma rápida en los últimos años, sería posible pensar en tecnologías de telepeaje más avanzadas y sin necesidad de instalar infraestructuras en la calle, tales como GPS o vía teléfono móvil. Para que esto sea posible, es necesario superar los problemas existentes en cuanto a la privacidad de los datos de los ciudadanos y la protección de los datos de sus movimientos.

Fuente de la noticia: https://ecomovilidad.net/internacional/las-tecnologias-telepeaje-urbano/

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