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En una carrera a contrarreloj por encontrar recursos energéticos sostenibles e ilimitados, los desechos orgánicos se presentan como la materia prima ideal para la fabricación de biocombustibles avanzados.

El calentamiento global se ha convertido en uno de los puntos clave en las agendas de muchos países. En 2015, se adoptó el Acuerdo de París, una iniciativa de Naciones Unidas para luchar contra el cambio climático. Fruto de este acuerdo, se aprobó la Agenda 2030 y los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Para cumplirlos, gobiernos, empresas y ciudadanos deben implicarse y minimizar su impacto ambiental. Algunos de los aspectos que contribuirán a favorecer la acción por el clima están directamente relacionados con el uso de las energías renovables, el fomento de la economía circular y la gestión de los recursos, y de una forma destacada, la inversión en tecnologías que faciliten la descarbonización de la economía, tanto de la movilidad como de otros sectores, como el industrial y el eléctrico.

El objetivo es favorecer la transición energética hacia un modelo de bajas emisiones. En este sentido, la economía circular juega un papel clave. Gracias a ella, los residuos generados por la sociedad, como aceites de fritura, grasas, desperdicios urbanos, adquieren una segunda vida al ser transformados en biocombustibles avanzados que pueden ser utilizados en motores convencionales.

El papel clave de los biocombustibles

En julio de 2019 se publicó el inventario de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) donde se analizaba el proceso de descarbonización por sectores. El 75% del GEI se produce en procesos energéticos, mientras que el 25% se genera en la agricultura y en las emisiones de residuos y gases de otros procesos industriales.

El sector de la movilidad es uno de los que históricamente más ha trabajado para reducir sus emisiones. La electrificación es una de las soluciones que se considera más viable, aunque cuenta con barreras que deben salvarse mediante otras tecnologías, especialmente en el transporte de mercancías por carretera, el transporte aéreo o el marítimo. Para estos campos, los biocombustibles son una alternativa sostenible y viable a corto plazo, ya que sería posible su implantación de forma inmediata, y cuentan con diversas ventajas frente a otras opciones como la electrificación.

Además de reducir las emisiones de CO2, los biocombustibles tienen el valor añadido de impulsar la economía circular en España al favorecer el uso y reutilización de recursos, materias primas y productos a lo largo de su ciclo de vida. Para su fabricación se utilizan materias primas como residuos de la industria agroalimentaria, residuos forestales y agrícolas.

En España, Repsol lleva incorporando biocombustibles a sus carburantes de automoción desde hace dos décadas. En los últimos años se ha ido incrementando el contenido de biocombustibles hasta alcanzar en 2020 el 8,5% en contenido energético, en línea con los requisitos regulatorios en España. Con el objetivo de alcanzar las cero emisiones netas en 2050, Repsol está adaptando sus unidades de proceso para aumentar la fabricación de biocombustibles sostenibles. El objetivo de Repsol es contar con una capacidad de producción de biocombustibles de 1,3 millones de toneladas en 2025 y superar los dos millones en 2030.

¿Qué son los ecocombustibles?

Se trata de combustibles líquidos sostenibles no derivados del petróleo, con nulas o bajas emisiones de CO2, tanto durante su producción como en su utilización final. El CO2 que emiten en su ciclo de vida completo es equivalente al que se captura y emplea en su fabricación, por lo que el resultado es un balance neto de 0 emisiones. Dentro de estos encontramos los ya mencionados biocombustibles sostenibles, que se producen a partir de materias primas de origen biológico y residuos.

Al tener propiedades físico-químicas similares a los combustibles actuales son compatibles con los vehículos actuales de combustión. Esto permite aprovechar la red de distribución y repostaje que existe sin necesidad de desarrollar infraestructuras de recarga o renovar el parque automovilístico. Para su producción y distribución también se pueden utilizar las instalaciones existentes invirtiendo en la transformación de algunos de los procesos actuales.

Como efecto del desarrollo de los ecocombustibles, se reducen los volúmenes de residuos del sistema ya que parte de ellos se usarán para fabricar estos productos. Sectores como el agrícola, el forestal y, por supuesto, el de residuos y reciclaje, tendrán un papel importante en la cadena de valor de los ecocombustibles, aportando las materias primas necesarias con el beneficio económico correspondiente. En los últimos meses, compañías como Repsol han presentado diferentes proyectos e iniciativas para reforzar su papel clave en la transición energética y como suministrador de ecocombustibles para el transporte en nuestro país, apoyándose en soluciones de economía circular.

La energética anunció recientemente la construcción en su refinería de Cartagena de la primera planta en España de fabricación de biocombustibles avanzados, que se fabrican a partir de materia prima reciclada. La planta suministrará 250.000 toneladas al año de biocombustibles avanzados para aviones, camiones y coches. La producción de Cartagena permitirá una reducción de 900.000 toneladas de CO2 anuales, lo que equivale a la absorción de CO2 de un bosque con una extensión similar a 180.000 campos de fútbol.

Asimismo, el pasado verano la energética completó con éxito la fabricación del primer lote de biocombustible para aviación del mercado español en el complejo que tienen en Puertollano, en Ciudad Real. Constó de 7.000 toneladas de keroseno con biojet y evitará la emisión de 440 toneladas de CO2 a la atmósfera, lo que equivale a 40 vuelos Madrid-Barcelona. Estas iniciativas favorecen que España pueda avanzar en su independencia energética y que genere actividad económica y empleo estable y de calidad.

Además de los biocombustibles avanzados, existen otros tipos de ecocombustibles que pueden jugar un papel relevante para luchar contra el cambio climático. Por ejemplo, los combustibles sintéticos (e-fuels), producidos a partir de CO2 capturado y H2 renovable. Repsol va a construir en Bilbao una de las mayores plantas del mundo de producción de este tipo de combustibles, que estará operativa en 2024

Los ecocombustibles son una realidad que cada vez va cobrando un papel más relevante dentro del sector de la movilidad por su inmediatez y las múltiples ventajas que ofrecen, tanto medioambientales como económicas, frente a otras alternativas que requieren desarrollos tecnológicos y mayor inversión e infraestructura.

Fuente de la noticia: https://www.elperiodico.com/es/epbrands/Repsol/index.html

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