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José Miguel Martín, catedrático de química inorgánica de la Universidad de Alicante, es miembro del equipo que ha desarrollado el Smartpol, un polimérico cuya estructura básica se asemeja al de un aminoácido y destaca por su poder de autorregeneración y por sus características elastoméricas, es decir, que tiene memoria de forma y aunque se estire puede regresar a su forma original. Una capacidad que podría hacerle muy útil para la industria del calzado, por ejemplo, pudiendo sustituir a materiales como el caucho y creando suelas que podrían repararse a sí mismas.

“Todo pasó de manera casual”, cuenta Martín, “fue en 2013 cuando, mientras trabajábamos para un proyecto sobre recubrimientos para tuberías de crudo, uno de los miembros del equipo se dio cuenta de que, tras reparar probetas para realizar los ensayos mecánicos de los materiales que intentábamos desarrollar, los fragmentos que quedaban se volvían a unir de manera espontánea. Esto fue el germen de la investigación que años más tarde ha dado lugar al Smartpol”.

Este material made in Spain no es el primero que se descubre con sus mismas propiedades. Casi a la par, un equipo de investigadores de la Universidad de California en Riverside (Estados Unidos) presentó el año pasado durante el 253º Congreso Nacional de la Sociedad Química Americana (ACS) un nuevo material autorreparable que podría revolucionar el campo de la electrónica y de la robótica. Serviría, por ejemplo, para fabricar teléfonos móviles más resistentes y duraderos. Este descubrimiento no empaña, sin embargo, el hallazgo de los investigadores de la Universidad de Alicante ya que, como el mismo José Miguel Martín cuenta, el Smartpol no sólo se puede regenerar a temperatura ambiente, también consigue repararse a sí mismo dentro de un líquido y no necesita estímulos externos ni la implicación de enlaces químicos para su autorregeneración. Una propiedad que lo hace único y que le permite una serie de aplicaciones también en el ámbito de la medicina.

El Smartpol, patentado por el Laboratorio de Adhesión y Adhesivos de la Universidad de Alicante, imitar lo que sucede en la naturaleza y copia lo que muchas especies animales son capaces de hacer. Así, al igual que una estrella de mar o algunos anfibios, puede recomponer zonas dañadas “y ser utilizado en el campo de la medicina, como sustituto de tendones artificiales o en las prótesis mamarias, para recubrirlas y evitar la liberación del material siliconado hacia el exterior; en la industria, para recubrir el interior de los neumáticos para ‘curar’ los pinchazos; en la electrónica, para crear pantallas de smartphone o de ordenador más resistentes; e incluso en la construcción para fabricar pinturas que recubran las fachadas de los edificios para evitar la agresión de los agentes externos y la contaminación”, enumera el catedrático de química inorgánica de la Universidad de Alicante.

Para mejorar el ámbito de la construcción también trabaja ACCIONA, que investiga en dos proyectos de colaboración como Shine y Healcon, en los que se estudia qué materiales autorreparables se pueden utilizar junto con otros firmes como el hormigón. Pilar Górriz, jefa del Área de Medios del Centro Tecnológico de ACCIONA Construcción, cuenta que “tras estos proyectos, en la actualidad se están evaluando esas soluciones en entornos reales a través de las iniciativas Repara 2.0 y Lorcenis. En la primera, se está trabajando en la incorporación de microcápsulas que tienen en su interior un producto rejuvenecedor que aumentará la vida útil de la carretera cuando además se utiliza su propio material reciclado. En Lorcenis se está desarrollando un hormigón que en primer lugar es capaz de autodiagnosticarse gracias a una red de nanotubos de carbono y nanofibras que ofrecen una mayor conductividad eléctrica que facilita la información precisa sobre su estado (por ejemplo en cuanto a la corrosión) y por otro lado incorpora materiales con propiedades autorreparadoras conseguidos a partir de elastómeros e hidrogeles que compactan la estructura y evitan la formación de microgrietas”. Es decir, son materiales inteligentes que permiten recuperar la forma original aún después de haber sido estirados.

Estos avances, capitaneados por ACCIONA, pretenden ser la palanca con la que se aumente en un 50% la resistencia de penetración de cloruros y hasta el 30% de la resistencia a la corrosión, “que son dos de los problemas más importantes que tiene el hormigón en relación con su durabilidad”. En el caso de Repara 2.0, “nuestras expectativas pasan por reducir las operaciones de mantenimiento de una carretera en un 30% que se traduce no sólo en una reducción en el coste de la infraestructura (considerando todo su ciclo de vida) sino también en una bajada de las incidencias para los conductores que hagan uso de ella”, explica Górriz.

El Smartpol, por tanto, no es el único material nacido para regenerarse solo y mejorar la vida en muchos sectores económicos. Es una especie de El Dorado que se une a otros grandes descubrimientos, que empresas y equipos de investigación están realizando para adelantarse al futuro. Ese lugar en el que nuestras carreteras resisten mejor las altas temperaturas y reparan sus grietas y los pinchazos de nuestros neumáticos se arreglan solos. Estamos viviendo en un futuro que soñábamos y que nunca imaginábamos que pudiéramos disfrutar.

Fuente de la noticia: http://www.futurosostenible.elmundo.es/transformacion/los-materiales-que-se-reparan-a-si-mismos-ya-son-una-realidad

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