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Hablamos mucho de movilidad sostenible, de reducir al máximo la circulación de vehículos en el centro de las ciudades y de aumentar las ventas de vehículos de energías alternativas, pero la verdad es que todo eso no son más que palabras para quedar bien. De momento no se dan pasos firmes para lograr esa pretendida descarbonización, ni en España ni en Europa.

Supuestamente, Europa impone unos estrictos límites de emisiones para hacer que los coches contaminen cada día menos, pero la realidad es que en España y en el resto de Europa los coches nuevos matriculados aumentan sus emisiones de CO₂, una de las causas clave para explicar el cambio climático. Y con esas estrictas limitaciones impuestas se está poniendo en riesgo la industria europea de automoción, que durante años ha sido líder mundial.

Hay formas de conseguir mejorar la calidad del aire y reducir las emisiones de CO₂, hay muchos estudios científicos que hablan de ello, pero parece que en España solo tenemos una forma de evitar la contaminación: prohibir el tráfico en el centro de las ciudades. Pero eso es solo la punta de un iceberg de proporciones gigantescas. Los 15 barcos más grandes del mundo, que están permanentemente en marcha circulando por todo el planeta y quemando el combustible más barato y nocivo, contaminan lo mismo que todos los coches que circulan en el mundo. Un portacontenedores de los que llegan desde China, por ejemplo, contamina lo mismo que 50 millones de vehículos. Pero parece que la culpa la tienen solo los coches. Ejemplos parecidos se podrían poner de aviones o de trenes.

La sostenibilidad de nuestra sociedad va mucho más allá de prohibir, pero parece que nuestros políticos, españoles y europeos, solo saben prohibir a los ciudadanos de a pie hacer muchas cosas, que luego ellos no cumplen. Pero por supuesto no se atreven a hacer lo mismo a las grandes empresas, que pueden seguir haciendo lo que quieran y contaminando el mundo. Y hablo de las eléctricas o de las cementeras, las petroleras, las navieras o los fabricantes de trenes, entre otras muchas.

Contaminación

Se habla mucho de energías alternativas, de las muchas opciones que hay, pero para nuestros políticos solo hay una, que es el coche eléctrico. No se habla de los menos de 100 puntos de repostaje de gas natural en toda España. Esa es una muy buena alternativa para reducir las emisiones de CO₂, lo mismo que el GLP. Pero no, en España solo interesa el coche eléctrico.

También hablamos mucho, o lo hacen nuestros políticos, de lo bien que funcionan las ventas de este tipo de vehículos eléctricos en Noruega o en Holanda, países que se ponen siempre de ejemplo. El ejemplo es muy fácil de seguir: reducir los impuestos que pagan los ciudadanos que deciden comprar coches eléctricos, que son mucho más caros en su adquisición y también mucho menos contaminantes en su utilización. Y ampliar las infraestructuras de recarga.

La ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, tiene muy claro que España debe tener un papel protagonista en esta revolución que supone la llegada del coche eléctrico. La pregunta debería ser cuál va a ser la manera en la que España, desde el punto de vista de la ministra, va a conseguir ser protagonista de esa transición, que lleva ya años en otros países y continentes. Tomemos el ejemplo de Holanda. Allí se venden cada día más vehículos eléctricos, hay una infraestructura de recarga de vehículos por todas las ciudades, en las carreteras, en la puerta de los centros comerciales. Y los ciudadanos holandeses están muy concienciados con la descarbonización.

En Holanda es muy fácil tener y utilizar un vehículo movido por electricidad, pero el gobierno holandés ya está dando el siguiente paso hacia adelante que se llama hidrógeno. El Ejecutivo holandés ha empezado a apoyar el despliegue de hidrogeneras para poder evolucionar muy rápido del coche eléctrico de baterías al movido por la pila de hidrógeno. De momento, la semana pasada se puso en marcha una flota de 34 taxi de hidrógeno.

El coche eléctrico es solo una solución temporal para conseguir la movilidad sostenible. Es un coche cero emisiones en su utilización, es cierto, pero eso no significa que no contamine. Producir sus baterías de litio contamina mucho, el equivalente a años de utilizar un coche diésel de última generación.

Hay otro problema importante, y es que de momento se sigue produciendo bastante electricidad quemando carbón. China es un país que se ha tomado el coche eléctrico como una prioridad absoluta. En 2018, el 75% de todos los coches eléctricos vendidos en el mundo se vendieron en China, pero también conviene destacar que cada día se están abriendo en territorio chino nuevas centrales térmicas de carbón para producir la electricidad necesaria para recargar los vehículos eléctricos. Y por hablar también de Europa, se van a mantener hasta 2025 las subvenciones públicas comunitarias por utilizar carbón para producir electricidad. Alemania y Polonia no van a dejar de ganar dinero vendiendo su carbón al resto de Europa, aunque contamine mucho.

Fuente de la noticia: https://blogs.elconfidencial.com/motor/automaniacos/2019-07-15/coche-electrico-contaminacion-movilidad_2124799/

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