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El otro día publicábamos un artículo sobre algunas de las razones por las cuales debemos apostar mucho más fuerte por el coche eléctrico. En el nos centrábamos en el aspecto económico y de dependencia energética que Europa tiene con estados como Arabia Saudita. Un país sumido en una crisis diplomática por la desaparición de un periodista crítico, y que ante las tímidas reprimendas exteriores respondió con represalias como el incremento desaforado del precio del petróleo.

Para los que esa amenaza no sea suficientemente convincente, hoy hablaremos sobre otro problema que no es futuro, sino que es presente. El problema de las emisiones de los vehículos con motor de combustión y su impacto en nuestra salud.

Esta semana la Agencia Europea del Medio Ambiente (EEA) ha publicado un demoledor informe que pone sobre la mesa el enorme problema de salud pública que tenemos en nuestro continente por culpa de los coches con motor de combustión interna. Según el texto, en el año 2015 la contaminación producida causó más de 500.000 muertes prematuras en Europa. Y de estas emisiones, el transporte por carretera es el principal causante.

Estos datos proceden de 2500 estaciones de medición de emisiones repartidos de todo el continente. De ellas, la inmensa mayoría, 483.400 muertes, se produjeron sólo en los 28 Estados miembros de la Unión.

El informe atribuye una gran mayoría de las muertes a las partículas en suspensión PM 2,5. Según el organismo europeo, sólo este gas procedente en gran medida de los motores diésel, y que tienen gran capacidad de penetración en las vías respiratorias, ha causado 422.000 muertes prematuras en 41 países de la región y 391.000 en la Europa.

Por su parte, el dióxido de nitrógeno (NO2), el segundo gas más perjudicial derivado del tráfico rodado, ha causado 79.000 muertes prematuras, mientras que el ozono troposférico (O3) un gas secundario y que reacciona a la luz solar y a las altas temperaturas, es responsable de otras 17.700 muertes.

Según el director ejecutivo de la Agencia, Hans Bruyninckx.”La contaminación atmosférica es un asesino invisible y necesitamos intensificar nuestros esfuerzos para abordar las causas. En este sentido, las emisiones del transporte por carretera suelen ser más perjudiciales que las de otras fuentes, dado que se generan a nivel del suelo y tienden a producirse en ciudades, cerca de las personas. Por eso es tan importante que Europa redoble sus esfuerzos para reducir las emisiones causadas por el transporte, la energía y la agricultura, y que invierta en hacerlas más limpias y sostenibles”.

Desde la agencia también se indica que en los últimos años hemos vivido una ligera mejoría. Principalmente por la caída de las ventas de los vehículos diésel. A pesar de ello las cifras de emisiones siguen superando los máximos recomendados por la Organización Mundial de la Salud. Por ejemplo, en la Unión Europea de los 28, el porcentaje de personas que respiraron aire contaminado por partículas PM 2,5 por encima de los límites legales que marca la directiva europea se redujo del 7% en 2015 al 6% en 2016.

Por su parte las muertes prematuras causadas por estas emisiones se han reducido en cerca de 500.000 de casos al año desde 1990 gracias a “la aplicación de las políticas europeas de calidad del aire y a la introducción de medidas, a escala nacional y local”, señalan desde la Agencia. Sin embargo, si se atienden a las recomendaciones de la OMS, con límites mucho más estrictos que los de la UE, el informe reconoce que todavía el 74% de la población urbana vive expuesta a esta sustancia peligrosa.

 

Las consecuencias sobre la salud a la exposición a la contaminación del aire son diversos, desde inflamación de los pulmones hasta muertes prematuras. La mortalidad debida a la exposición a la contaminación del aire se estima en términos de “muertes prematuras” y como “años de vida perdidos”. Los impactos sobre la salud estimados en el informe sobre la calidad del aire en el EEE son los atribuibles a la exposición a PM2.5, NO2 y O3 en Europa en 2015.

Estas estimaciones se basan en información sobre la contaminación del aire, los datos demográficos y la relación entre la exposición a concentraciones de contaminantes y los resultados de salud.  Estas proporcionan una medida del impacto general de la contaminación del aire en una población determinada y, por ejemplo, no pueden asignarse a individuos específicos que viven en una ubicación geográfica específica.

La conclusión es que el coche eléctrico puede tener poca autonomía, ser caro y contar con una débil red de recarga. Pero son problemas insignificantes si los comparamos con las consecuencias de seguir moviéndonos con combustibles fósiles.

Esto nos indica que es imprescindible la intensificación del trabajo de los organismos públicos como punta de lanza para lograr que los tres motivos para que no despegue el coche eléctrico se superen lo antes posible, al mismo tiempo que se ponen medidas para reducir el impacto de los motores de combustión hasta lograr que la tecnología y la infraestructura se desarrollen por completo.

Fuente de la noticia: https://forococheselectricos.com/2018/10/por-que-tenemos-que-apostar-mucho-mas-fuerte-por-el-coche-electrico-parte-2-la-contaminacion.html

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