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El Día Mundial del Medio Ambiente celebrado hace unos días ha dejado un mensaje esencial a la ciudadanía: debemos mejorar la calidad del aire. Naciones Unidas ha advertido que el 90% de los habitantes del planeta respira aire contaminado y ha urgido a las administraciones a revertir la situación.

Este compromiso se engloba dentro de uno mayor: el de crear modelos energéticos sostenibles. En este sentido, España tiene por delante un reto: dejar de depender de los combustibles fósiles y, más concretamente, del carbón. Y es que, según los datos del INE, este elemento constituye el 10,5% del consumo de energía primaria y, junto al petróleo y el gas natural, elevan la cifra al 75,7%.

La tendencia en nuestro país resulta llamativa si tenemos en cuenta que la mayoría de estados avanzan hacia la descarbonización de su modelo energético. Pero, ¿qué se debe hacer para arreglarlo? Monitor Deloitte responde a esta pregunta en su informe Ciudades energéticamente sostenibles: la transición energética urbana a 2030, en el que aborda la problemática y propone soluciones en dos ámbitos: en primer lugar, lo que deben hacer los ayuntamientos y administraciones públicas para cambiar el modelo en las ciudades; en segundo, lo que los ciudadanos podemos hacer para aportar nuestro granito de arena.

Lo que deben hacer las ciudades

Las ciudades son las primeras que deben liderar el cambio de modelo, ya que, además, pueden llevar a cabo diversas funciones que contribuyan a una definitiva transición energética en España. Para Alberto Amores, socio responsable de la práctica de Energía y Recursos Naturales de Monitor Deloitte, “asegurar la transición energética necesita de la aplicación de un conjunto de medidas en las ciudades. La mayoría de equipos y tecnologías necesarios ya están disponibles, como el vehículo eléctrico, el transporte público o la bomba de calor, siendo necesario, en muchos casos, el impulso de las Administraciones para su fomento e implantación antes de 2030. Acometer estas actuaciones permitirá reducir las emisiones GEI y generar un ahorro mayor a lo invertido”.

Reducción de emisiones

De hecho, para el año 2030, la Unión Europea obliga a todos sus estados miembros a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero en un 40% respecto a los niveles de 1990. España aún está lejos de esas cotas: en 1990 nuestro país emitía 287,8 millones de toneladas y en 2018 emitió 277,6 millones, mientras que las previsiones del Sistema Español de Inventario (SEI) las sitúan en 282,5 millones para 2030.

Por otro lado, en España las ciudades de más de 50.000 habitantes, pese a representar apenas al 10% de los municipios, concentran el 70% de la población y consumen el 40% de la energía final de todo el país. Además, están relacionadas con hasta el 70% de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Para solucionar esta situación, fueron más de 7.000 los municipios europeos que en 2008 firmaron el famoso Pacto de los Alcaldes, en el que se comprometían a reducir sus emisiones de CO2 al menos un 40% en 2030. Sin embargo, el estudio de Monitor Deloitte afirma que, con las medidas ya puestas en marcha, la evolución de las emisiones generadas en las ciudades no permitirá alcanzar estos objetivos de sostenibilidad energética. Por tanto, la firma aboga por que las ciudades sigan trabajando para reducir sus cifras de emisiones, pero añadiendo a las iniciativas actuales otras que permitan una transición más rápida.

Movilidad urbana inteligente

El transporte de pasajeros en nuestras ciudades genera el 70-80% del consumo de energía y emisiones de este sector. Por ello, el informe considera necesario un mayor uso del transporte público (de al menos un 5% más) que reduciría las emisiones directas e indirectas un 70%, en caso de autobús convencional y más de un 90% en caso de tren o metro en comparación con el vehículo tradicional. Esta actuación también reducirá la congestión en las ciudades, ya que un autobús puede desplazar en un mismo vehículo 10-20 veces más pasajeros (un tren o metro hasta 100 veces más) que un turismo particular.

Además, para distancias cortas y medias, las ciudades deben fomentar la movilidad no motorizada (bicicleta, andar) para que capture al menos el 10% de los trayectos, mediante la construcción de carriles-bici y la peatonalización de los centros urbanos. En cualquier caso, el cambio no será posible sin políticas de concienciación y, sobre todo, sin un cambio de hábitos por parte de los ciudadanos.

Digitalización y economía colaborativa

El uso de nuevos modelos como el ‘carsharing‘ o el ‘carpooling’ está creciendo en los últimos años gracias a la digitalización y al crecimiento de la oferta. Esta actuación presenta un mayor potencial en grandes ciudades, ya que existe una mayor demanda que permite la escala necesaria para su viabilidad económica. En este tipo de ciudades, en 2030 hasta un 10% de los trayectos en vehículo particular debería realizarse en este tipo de modo. En ciudades medias, la penetración probablemente sería más reducida (3-5% en 2030).

Lograr las utilizaciones indicadas del transporte público, bicicleta o andar y de los modelos colaborativos permitirán reducir un 25-35% el uso del vehículo particular, uno de los grandes objetivos de todas las ciudades.

Renovación del parque de vehículos: eléctricos y convencionales

El parque de vehículos español es uno de los más antiguos de Europa y uno de los más contaminantes. A 2030 deberíamos tener la flota completamente renovada, por vehículos eléctricos (un tercio del parque) o por vehículos convencionales o hibridados que cumplan la última normativa medioambiental EuroVI. Las ciudades deberán incentivar la sustitución de los vehículos más antiguos y contaminantes mediante medidas fiscales y la implantación de restricciones de circulación y acceso.

Rehabilitaciones energéticas en los edificios

Muchas veces la reducción de la contaminación y la expulsión de CO2 no solo depende del cambio de hábitos, sino también de la forma en que una ciudad fomenta un modelo de urbanismo u otro. En este sentido, Monitor Deloitte aboga por impulsar, desde las administraciones locales, una serie de rehabilitaciones energéticas en los edificios de la ciudad (incluyendo los municipales) que ayuden a mitigar el problema.

Hay cuatro tipos básicos de rehabilitación: el cambio de ventanas, la rehabilitación de fachadas, el rediseño de cubiertas o la rehabilitación integral del edificio. Sólo la primera de ellas es fácil de realizar y relativamente barata, por lo que debería ser la más extendida. Se debe complementar con la instalación de termostatos inteligentes y con la renovación de las calderas por bombas de calor (muy eficientes) o calderas de condensación modernas.

Sector servicios

Las oficinas y el comercio son dos de los núcleos que requieren un mayor esfuerzo energético: juntos suponen el 65% del consumo de energía y el 40% de la superficie. En este sentido, eliminar dos infraestructuras (calefacción y aparato de aire acondicionado) y sustituirlas por una sola (la bomba de calor en ambas direcciones) permitiría un ahorro de hasta un 30% en costes.

En esta línea, el estudio estima que para 2030 debe incrementarse entre un 30% y un 40% la superficie total de oficinas y comercios con sistemas de climatización basados en bomba de calor, y que la implantación de iluminación LED y sistemas inteligentes debería abarcar casi el 100% de la superficie del sector servicios para el año 2030, para poder cumplir con los objetivos energéticos.

Lo que podemos hacer los ciudadanos

Las empresas y administraciones públicas tienen un papel clave para la reducción de emisiones, pero los ciudadanos también podemos contribuir en el día a día con acciones que, a la larga, ayudarán a la transición energética.

Cambio de hábitos en el transporte

Siempre que las condiciones nos lo permitan, debemos sustituir los vehículos motorizados por el transporte público e incluso apostar por ir en bicicleta o a pie. En caso de cambiar de vehículo, debemos optar por uno eléctrico o un convencional con las menores emisiones posibles. No obstante, si tenemos un vehículo tradicional de transmisión manual, es importante conducir de un modo eficiente (uso de marchas largas, evitar frenazos, etc.)

Vivienda rehabilitada y suministros eficientes

Hay pequeñas decisiones que podemos tomar, por ejemplo, cuando reformamos nuestra vivienda, que en realidad son inversiones de cara a futuro. El cambio de las ventanas, la apuesta por los revestimientos o la instalación de calderas o bombas de calor eficientes para la calefacción o el agua caliente suponen un desembolso inicial pero, posteriormente, en el día a día suponen un ahorro en gestos como poner calefacción. Lo mismo ocurre con las bombillas LED o los mencionados termostatos inteligentes, que contribuyen a reducir la factura de luz y de gas.

Electrodomésticos eficientes

A día de hoy hay un sinfín de electrodomésticos de bajo consumo y poca contaminación (A+++), que, a pesar de que al principio serán algo más caros en comparación con los tradicionales, se amortizarán antes de la finalización de su vida útil gracias al ahorro energético que consiguen. Cuando los usemos, además, procuremos que estén a carga completa.

Desconexión de aparatos

¿Cuántos dispositivos de nuestra casa están conectados a la red? Y de todos esos, ¿cuántos necesitan realmente estar conectados siempre? Para evitar el despilfarro nos ayudará apagar y desconectar por completo los dispositivos que no estemos usando, evitando el famoso ‘stand by’.

Fuente de la noticia: https://www.elconfidencial.com/sociedad/2019-06-10/ciudades-sostenibles-medio-ambiente-bra_2037966/

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