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El Real Automóvil Club de España (RACE), en colaboración con su homólogo alemán ADAC, ha realizado un test en el que se ve a un coche atropellando a un objeto que simula un jabalí de 40 kg. El destrozo que el atropello causa en el coche (no digamos en el pobre animal) sólo se soluciona con unos cuantos miles de euros. Y encima habría que dar gracias, porque si das volantazo y te sales de la carretera puede que el bolsillo no sea lo único que duela.

Según un informe realizado por el RACE en el que han participado más de 1.000 conductores, un 88% de los encuestados dice haberse encontrado de repente en una situación de este tipo. Y la forma que han tenido de evitar el atropello ha sido dar un frenazo (73%), un volantazo (50%), pasarse al carril contrario (24%) o incluso salirse de la vía (4%).

Hay dos grandes peligros cuando nos encontramos de repente con un animal en la calzada: uno es dar un volantazo, que nos puede llevar a perder el control del coche o a que choquemos, por ejemplo, contra un árbol; y el otro, que el animal sea muy pesado y acabe metiéndose en el habitáculo a través del parabrisas. Por eso, el RACE nos recuerda unas normas que debemos interiorizar:

-Frente a un animal no se debe tocar de forma continua el claxon, porque puede asustarse y entonces sus movimientos serán impredecibles.

-Cuando sea de noche y se lleven las luces largas al encontrarte con el animal, se aconseja cambiar a luz de cruce para no deslumbrarlo y evitar que se quede parado.

-Aunque el atropello sea inminente, hay que evitar dar volantazos.

-Si no se puede evitar el atropello, señaliza el accidente, póngase el chaleco reflectante y tenga en cuenta que el animal, aunque esté herido, puede ser peligroso.

-Nunca toque animales muertos sin guantes; existe el riesgo de infección.

¿Y QUIÉN PAGA LOS ‘PLATOS ROTOS’?

La Ley 6/2014 de 7 de abril deja claro que las consecuencias del accidente ocasionado por una especie cinegética son responsabilidad del conductor, así que no nos queda otra que estar atentos a las señales de animales sueltos y bajar un poquito la velocidad. De hecho, las pruebas realizadas con un turismo demuestran que, ante un animal que se encuentra a 60 metros, si vas a 60 km/h frenas de sobra; si vas a 80 km/h también evitas el accidente, aunque por poco; a 100 km/h lo atropellas a más de 60 km/h, y a 110 km/h lo embistes casi a 80 km/h.

Hay, sin embargo, dos supuestos en los que el conductor no es el culpable: uno es que se haya atropellado al animal porque se ha organizado la caza colectiva de una especie de caza mayor ese mismo día, o el anterior hasta doce horas antes. En ese caso, quien paga es el propietario del terreno. Y el otro es que el atropello se haya producido por no haberse reparado la valla que los debe mantener retenidos o porque no haya señal de animales sueltos en la carretera, en cuyo caso paga el titular de la carretera.

Pero, ¿y si se trata de un animal doméstico? (ocho de cada diez animales atropellados es un perro). La ley en este caso también es clara (Art. 1.905 del Código Civil): el dueño del animal es el responsable aunque éste se le haya escapado, y sólo se libra de la culpa si el daño proviene de fuerza mayor o es claramente culpa de quien ha sufrido el accidente.

Fuente de la noticia: https://www.elmundo.es/motor/2020/06/04/5ed90a5d21efa00a048b457f.html

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