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“Estamos ante una nueva revolución tecnológica que provocará cambios socioeconómicos más profundos que los de la industrial”. Zhu Long, cofundador y presidente de Yitu, una de las principales empresas de inteligencia artificial de China, afirma que la humanidad se encuentra en los albores de una nueva era que estará determinada por el desarrollo de un nutrido abanico de nuevas tecnologías inter­relacionadas. “La inminente llegada de las redes 5G propiciará la creación del Internet de las cosas, en el que los objetos podrán comunicarse entre sí. Esta conectividad, combinada con la inteligencia artificial, el big data y la robótica, terminará creando un mundo en el que será necesario redefinir lo que significa ser humano”, apostilla durante una entrevista con EL PAÍS.

Zhu, que desarrolla sistemas de reconocimiento facial y algoritmos para diagnósticos médicos, avanza que “muchas de las cosas que ahora consideramos imprescindibles para el desempeño de nuestras vidas y de nuestra formación dejarán de serlo”. Y advierte de que no es ciencia ficción, sino algo que sucederá en los próximos 10 o 20 años. Además, este científico está convencido de que esta nueva etapa tecnológica va a estar liderada por un país: China.

Zhu sustenta esta predicción con tres argumentos. “Primero, porque tanto la población china como el Gobierno son mucho más receptivos a las nuevas tecnologías que el resto. Eso ha permitido que en el mercado abunden las oportunidades empresariales y que la inversión en I+D se haya disparado. Segundo, porque hay mucha gente que, como yo, se ha formado en centros de élite de todo el mundo y regresa a China para poner en práctica lo aprendido e ir más allá. Y tercero, porque nadie puede igualar el peso demográfico del país. Los 1.400 millones de habitantes crean economías de escala y retos que son un aliciente para desarrollar tecnologías como la inteligencia artificial, que en China tiene más aplicaciones prácticas que en otros países”, concluye.

Las estadísticas parecen darle la razón. El año pasado, el gigante asiático destinó 1,79 billones de yuanes (238.600 millones de euros) a investigación. Es un crecimiento del 14% con respecto a 2016 y un 70,9% más si se compara con la cifra de 2012. Y la segunda potencia mundial todavía tiene margen para el crecimiento porque su inversión en I+D es de solo el 2,1% del PIB. Supera en 9 décimas a la de España, pero todavía está 7 décimas por detrás de Estados Unidos y 1,2 puntos por debajo de Alemania. “China necesita acceder al grupo de los países más innovadores y convertirse en una gran potencia para 2050”, arengó el ministro de Ciencia y Tecnología, Wan Gang.

China también es el país con más estudiantes fuera de sus fronteras. Según cifras del Ministerio de Educación, el año pasado 608.400 chinos viajaron al extranjero para formarse. Un 11,74% más que en 2016. El número de estudiantes chinos que regresaron a su país también creció a un ritmo parecido —11,19%— y alcanzó los 480.900. De esos, 227.400 volvieron con un máster o un título superior. Desde que China decidió abrirse al mundo, este año hace cuatro décadas, más de 5,1 millones de chinos han estudiado en el extranjero.

“Las estadísticas demuestran que entre 1978 y 2017 el número de quienes regresan ha crecido paulatinamente. En total, 3,1 millones —un 83,73%— han vuelto a China”, recalca el ministerio. Por si fuese poco, el año pasado ocho millones de chinos se graduaron en las universidades del país, una cifra que duplica la de Estados Unidos y multiplica casi por 10 la de China en 1997. Los buenos resultados de Shanghái en el informe PISA también reflejan la gran inversión realizada en el sector educativo. Según previsiones de The Economist Intelligence Unit, China liderará el mundo en número de graduados en estudios STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas).

Muchos de ellos encuentran trabajo en un creciente número de empresas tecnológicas chinas, que también se han convertido en un imán para talento foráneo. “El desarrollo económico de China comenzó con la deslocalización de la producción. Las empresas extranjeras llegaron para fabricar barato, exportar a sus mercados y aumentar así sus beneficios. Pero el Gobierno chino promulgó una legislación que, a la larga, ha propiciado la transferencia de tecnología y el aumento de la calidad de vida y del poder adquisitivo de la población. Esa coyuntura ha hecho que las empresas locales resulten competitivas en numerosos sectores y que el mercado chino sea un gran tractor económico”, explica Xu Bin, vicedecano de la China-Europe International Business School (CEIBS).

China es desde 2014 la principal potencia comercial del mundo —2,55 billones de euros el año pasado, según el Banco Mundial—, y ahora quiere dar un salto cualitativo con el plan Made in China 2025, una iniciativa gubernamental que propiciará el desarrollo de 10 industrias que considera clave para liderar el mundo: desde los vehículos eléctricos —para los que el Gobierno ha anunciado la instalación de medio millón de electrolineras de aquí a 2020 y en cuyo mercado China ya representa más de la mitad de las ventas globales, con 800.000 unidades vendidas en 2017— hasta la industria de los nuevos materiales, pasando por la robótica —su objetivo es vender 100.000 robots fabricados en China en 2020— o la tecnología ferroviaria —cuenta con una red de alta velocidad que supera a la suma del resto del mundo—.

Las multinacionales locales han recogido el guante. “El 2G estuvo liderado por Nokia, el 3G perteneció a Apple y Samsung, en el 4G ya vemos una fuerte competencia china, y estamos convencidos de que el mundo 5G estará liderado por nuestras empresas”, afirma el exvicepresidente de ZTE, Zeng Xuezhong. Huawei, su principal competidor en la fabricación de equipamiento de telecomunicaciones, concuerda. “El 5G es la gran oportunidad de China”, apunta Shao Yang, su vicepresidente de Estrategia.

La mayoría hace referencia al potencial futuro de China, pero ya lidera algunos sectores. Es el país que ha revolucionado los pagos electrónicos gracias a la rápida adopción de sistemas como Alipay o TenPay: el año pasado, los consumidores chinos pagaron con sus móviles productos y servicios por valor de 81 billones de yuanes (1,44 billones de euros). Por otro lado, Xiaomi ha creado el mayor ecosistema inteligente del mundo gracias a sus inversiones en decenas de start-ups que desarrollan su particular visión del hogar inteligente, y otras tecnológicas están siguiendo sus pasos a toda velocidad.

Otro de los campos en los que China está tomando la batuta es el de los vehículos autónomos. Para ello, ciudades como Shanghái o Pekín han concedido licencias que permiten a empresas como NIO o Baidu probar en condiciones reales sus automóviles sin conductor en calles de diferentes barrios periféricos. “Queremos tomar la iniciativa para crear un entorno que aliente la innovación y el desarrollo de los vehículos sin conductor”, justificó el vicepresidente de la Comisión de Economía e Informatización de Shan­ghái, Huang Ou, durante la inauguración de la zona piloto que la megalópolis ha establecido en el distrito de Jiading para las pruebas.

El Partido Comunista se ha propuesto lograr que por sus carreteras circulen 30 millones de vehículos autónomos —o con un elevado grado de automatización— en los próximos 10 años. “Estamos dando los primeros pasos para que China sea pionera en esta industria”, comenta el subdirector de la zona piloto, Chen Hailin. “Y queremos que este ejemplo guíe a muchos otros para que el país pueda desarrollar el potencial que le otorgan su poderío económico y su capital humano”, sentencia.

Fuente de la noticia: https://elpais.com/tecnologia/2018/11/05/actualidad/1541435768_129649.html

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