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Siete puentes de la red foral de carreteras, los más grandes y que más tráfico soportan, están monitorizados con sensores para seguir su estado en tiempo real. Cualquier movimiento, por mínimo que sea, queda registrado y salta una alerta si se superan los valores estándar. Los casi mil viaductos que existen en el territorio están sometidos a un férreo control para garantizar su seguridad, realizándose inspecciones al menos una vez al año en todos ellos;las juntas y los drenajes se revisan y limpian cada semestre.

Al año se invierten más de 1,8 millones de euros, solo en conservación y mantenimiento de puentes, para que tragedias como la de este verano en Génova no se produzcan en Bizkaia. Hay que chequear, mantener y reparar los 952 puentes que jalonan el territorio. La Diputación se encarga de la gestión de 519 de ellos, dejando a un lado los que no son forales y las que resuelven cruces de pequeños arroyos o sendas peatonales, y que propiamente no pueden considerarse como puentes. “Nuestros recursos son limitados y tenemos que focalizarnos sobre las estructuras más importantes de cara al usuario. Son caminos que cruzan cauces o pontones que sirven para reponer servicios, y, aunque los conocemos, no aplicamos todos los procesos sobre ellas;los tenemos inventariados y las revisamos más o menos cada cuatro años, no con tanta periodicidad como las otras. También actuamos a demanda, si aparece un problema en ellas”, explica Felipe Cobos, jefe de Servicio de Conservación.

Entre el más de medio millar de puentes que gestiona la institución foral hay pasarelas peatonales que permiten atravesar una carretera foral, fundamentalmente en el área metropolitana, como la que cruza el enlace de Kukularra sobre la N-637 o la BI-625 en Arrigorriaga;estructuras continuas y pretensadas, desde el puente de Zorrotza al viaducto de Pradera en la A-8 entre Basauri y Galdakao;y puentes de vano único y no continuos, principalmente los que permiten cruzarse dos carreteras, como el paso superior en la N-637 entre el túnel de Artxanda y el enlace de Larrondo, o por el que supera la A-8 la carretera entre Trapagaran y Megapark. Las que tienen una construcción menos habitual y las que se consideran estratégicas dentro de la red viaria del territorio están catalogadas como especiales y como tal tienen un seguimiento específico, entre ellas el puente de La Arena, uno de los pocos ejemplos del territorio de un puente atirantado para tráfico rodado, o el viaducto de Rontegi. “Los puentes son estructuras seguras pero que precisan de un buen sistema de revisión y mantenimiento”, advierte Cobos, quien asegura, en este sentido, que el estado de conservación de los puentes de Bizkaia “es bueno. Se hace un seguimiento de las estructuras puntero. Con el conocimiento que tenemos de las estructuras no hay ningún motivo para preocuparse ni para pensar que un suceso como el de Génova pueda ocurrir aquí”.

Los puentes más importantes de la red, por la cantidad de tráfico que soportan y su carácter estratégico, están sometidos a un control continuo. El viaducto de Pradera, el de Zorrotza, el de Rekalde, el de Rontegi, el de La Arena, los falsos túneles de La Avanzada y las estructuras de la recientemente inaugurada variante de Ermua tienen incorporados sensores que permiten medir su comportamiento en tiempo real. “Tratamos de tener un conocimiento mucho más profundo sobre ellas y, en los últimos tiempos, estamos haciendo que sea al momento”, explica Cobos. Se cuidan los movimientos que pueden tener las juntas de dilatación, deformaciones en diferentes puntos de la estructura y los movimientos horizontales de las pilas, además de la temperatura, “porque te permite, por ejemplo, correlacionar la temperatura con las aperturas de las juntas de dilatación”.

movimientosLos sensores miden los movimientos u oscilaciones que tiene cada puente, que se comparan con valores considerados normales;si alguno se situara fuera de ellos, implicaría la aparición de algún problema en la estructura. “Si un puente no se mueve, malo. Para soportar las cargas, una estructura se tiene que mover, de una forma controlada y dentro de unos parámetros”, advierte. En esos casos, se realiza una inspección más detallada del puente, aunque las veces en las que ha saltado esta alarma en las estructuras vizcainas ha sido siempre por fallos en los propios sensores. Mediante este sistema se pueden detectar, por ejemplo, movimientos anormales en las pilas, oscilaciones en las juntas de dilatación o la apertura de fisuras. “El objetivo es hacer una conservación preventiva, actuar antes de que esa estructura sufra más daños por ese comportamiento anómalo”, explica. La intención de la Diputación es ir ampliando los puentes que están monitorizados, incluyendo estos sensores en todas las obras nuevas que se realicen, como ha sido el caso de la variante de Ermua. Estos sistemas se utilizan también en algunos de los puentes que se gestionan a través de la sociedad pública Interbiak, por ejemplo los de la Supersur.

La base de todo ese mantenimiento es el inventario de las estructuras, en las que se registran no solo las altas y bajas de puentes (cuando se cede un tramo de carretera, por ejemplo, a algún ayuntamiento, o se construyen nuevos viales, por ejemplo, la variante de Ermua), sino también los informes de estado de la estructura y toda la información de sus características, tanto de su construcción como de los trabajos o mejoras que se han realizado en ellas. “Actualizamos el inventario con todas las actuaciones que se realizan sobre cada una de la estructuras, aportando toda la información adicional que a lo largo de su vida útil es necesario conocer para tenerla perfectamente diagnosticada: cuándo actuamos sobre las juntas, cuándo en los apoyos, si alguien ha echado capas de rodadura sobre esa estructura…”, explica Cobos. “Es una actualización continua. Esas mil estructuras están vivas y se actúa sobre ellas, y para tener un conocimiento adecuado hay que saber lo que es está haciendo”. Hay una ficha, con las características técnicas y un croquis, de cada uno de los 952 puentes del territorio, no solo los que gestiona directamente la Diputación.

El medio millar de pasos de gestión foral se someten a una revisión una vez al año. En ella, se inspeccionan de forma visual los elementos y sistemas más importantes de los puentes: las juntas de dilatación, los sistemas de contención, los drenajes, las pilas, los cimientos, los estribos… Se trata de un análisis “cualitativo”, en el que se verifica el estado de cada elemento. “Es una inspección básica pero que nos permite, en un primer vistazo, cómo está la estructura. Son fundamentales para conocer su estado y ver cómo evoluciona con el tiempo. Por eso las hacemos una vez al año”, apostilla el jefe de Conservación.

Además, en todos los puentes se realizan trabajos de mantenimiento cada seis meses, visitas en las que se revisan, limpian y reparan los sistemas de drenaje y las juntas de la estructura, “dos aspectos que son fundamentales para la calidad del servicio”, apunta el jefe de servicio, “para que la evacuación del agua sea correcta y para el momento en el que se entra y se sale de la estructura”.

Fuente de la noticia: https://www.deia.eus/2018/10/22/bizkaia/siete-puentes-forales-estan-monitorizados-para-su-control-en-tiempo-real

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